Alberto Spencer

Alberto Spencer Herrera fue uno de los jugadores más importantes de la historia de nuestro club. Goleador letal y apodado como “Cabeza Mágica”, nació el 6 de diciembre de 1937 en Ecuador donde se crió y comenzó a formarse como futbolista. Debutó en primera en el Everest de dicho país en el año 1953, y jugó ahí hasta 1959. Fue su gran actuación en el Sudamericano del 59 defendiendo a su selección lo que cautivó a los dirigentes de Peñarol, quienes lo trajeron inmediatamente al club.

Como gran rompe redes que fue, debutó en nuestro club marcando 3 goles en un amistoso frente al Atlanta argentino, el 8 de marzo de 1960. Su trayectoria en Peñarol fue impecable: obtuvo un sinfín de títulos e integró los equipos que en la década del 60 derrotaron a los más poderosos de América y Europa.

Hombre récord por donde se lo mire, Alberto Spencer es el máximo goleador en la historia de la Copa Libertadores con 54 tantos, 48 de ellos con Peñarol, y segundo de la Copa Intercontinental (con 6 tantos, a 1 de Pelé). A nivel local, fue 4 veces el máximo goleador del Campeonato Uruguayo, en los años 1961, 1962, 1967 y 1968, consumando un total de 326 anotaciones. “Fue una figura extraordinaria que llenó una época, mostrando una capacidad impresionante para definir. Sus duelos frente a los arqueros rivales terminaban con su triunfo y la pelota iba a parar a la red. Un jugador que daba esa situación de gol reservada para unos pocos elegidos y que hacía levantar a los hinchas para cerebrar la mayor emoción del fútbol” (Memorias de la pelota, A. Etchandy).

Se consagró campeón uruguayo en siete oportunidades (parte del primer quinquenio), campeón de la Libertadores en tres ocasiones (1960, 1961 y 1966) y campeón Intercontinental en dos (1961 y 1966). Se caracterizó por marcar goles claves y decisivos en todas las competencias: En la primera Libertadores marcó los dos tantos de la tercera semifinal ante San Lorenzo y el único en la primera final ante Olimpia. Al siguiente año, colaboró con dos en la goleada a Universitario por los cuartos de final, y nuevamente marcó en el partido decisivo de ida, esta vez ante el Palmeiras. Y en el 66 también fue decisivo, anotando entre otros partidos, en la histórica final ante River Plate en Santiago de Chile. La Intercontinental también lo tuvo como protagonista ya que le marcó dos goles al Benfica en la goleada por 5 a 0 y tres de los cuatro goles al Real Madrid en 1966.

Luego de su pasaje exitoso con la amarilla y negra, volvió a su país natal donde se retiró en 1971 jugando para el Barcelona. Fue catalogado por el pueblo ecuatoriano como el mejor jugador de la historia de su país y según la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS) es uno de los 20 mejores futbolistas de América del Sur del Siglo XX.

Su vínculo con el fútbol no terminó ya que continuó con el camino de entrenador, dirigiendo en Ecuador, Paraguay y Uruguay. Se vino a vivir al Uruguay en 1973 y en 1982 fue designado cónsul.

En setiembre de 2006 sufrió un infarto y falleció en noviembre del mismo año en una clínica estadounidense debido a sus problemas cardíacos. Sus restos fueron velados primero en Ecuador, y luego vinieron al Uruguay, donde el pueblo carbonero acompañó el último adiós en el Palacio Peñarol.

En su sepelio, el ex presidente honorario y ex presidente de la república Julio María Sanguinetti, expresó: “Alberto era poseedor de un estilo y sello irrepetible como futbolista, pero sobre todo fue un caballero del deporte, un grande dentro y fuera de las canchas que tuvo adversarios pero ningún enemigo en toda su vida (…) Hay personas que dignifican la raza humana. Spencer fue una de ellas (…) Al Peñarol se le llegó a conocer en el Mundo como el equipo de Spencer, así de grande fue Alberto” (EFE).

Como forma de homenajearlo, el Estadio Modelo de la ciudad de Guayaquil fue rebautizado como Estadio Modelo Alberto Spencer, en un partido entre el Peñarol de Gregorio Pérez y Barcelona, que finalizó 0 a 0.