Un caso clínico

La fecha 15 del Torneo Clausura fue suspendida, luego de que ingresaran a robar en la casa del presidente de la Gremial de Árbitros y dejaran inscripta la palabra “bolso” en una de las paredes. Todo eso trajo aparejado un montón de conspiraciones por parte de los hinchas del Club Nacional de Football, adjudicándole la responsabilidad a Peñarol y a su pensada estrategia para postergar el campeonato y recuperar jugadores lesionados. Terapia y ayuda profesional precisamos todos en algún punto de nuestras vidas, y el hincha promedio tricolor la está necesitando con urgencia. Entre todos deberíamos averiguar cuáles patologías presentan, y a qué se debe.

Todo comenzó en mayo de 1899, cuando un grupo de jóvenes decidió formar un nuevo club en respuesta a aquellos fundados por ingleses que dominaban en el país, como era el caso de Peñarol (C.U.R.C.C. por ese entonces). Desde el inicio su historia estaría basada en intentar opacar la de Peñarol, y ya no habría vuelta atrás. Ya por aquellos años, ofrendarían regalos, trabajos y remuneraciones monetarias a futbolistas de otros equipos para atraerlos a formar parte de Nacional, en algo conocido como el amateurismo marrón, con el objetivo de intentar superar a Peñarol, en donde los jugadores simplemente competían por amor y fidelidad a la máxima institución deportiva de este país.

La envidia es la tristeza o pesar del bien ajeno y la emulación, deseo de algo que no se posee. Cuando una persona se obsesiona y deja de vivir por estar pendiente de tu vida o en este caso en la vida de su adversario, de su entorno, y entre otras cosas siente agobio por cada uno de sus triunfos. Aparte de mostrar signos graves de inferioridad, te muestra que estás tratando con una persona psiquiátricamente enferma.

Años más tarde, promediando la década de 1920, propusieron y lideraron una votación para expulsar a Peñarol de la Asociación Uruguaya de Football, cuando el aurinegro lideraba la tabla de posiciones del Campeonato Uruguayo de 1922. Nacional logró el objetivo, y no sólo terminó ganando aquel torneo, sino que también los dos siguientes, con Peñarol compitiendo en la Federación Uruguaya de Football. A fines de 1925, se unieron ambas asociaciones en una fusión integral. Sin embargo, los tricolores pretenden contabilizar únicamente los títulos logrados por ellos mismos, dejando de lado el obtenido por Peñarol en 1924, y el conquistado en 1926 luego de la reunificación. Una dualidad de criterios que asusta.

El delirio es un estado de alteración mental, generalmente provocado por una enfermedad o un trastorno, en el que se produce una gran excitación e intranquilidad, desorden de las ideas y alucinaciones.

Sin embargo, su mayor demostración de que algo no les funciona bien internamente, es la cuestión del decanato. Es difícil precisar cuándo comenzó este cuestionamiento, y más difícil aún determinar cuándo fue adoptado por el global de los hinchas tricolores. Los primeros reclamos surgieron en 1938, con el primer tetracampeonato aurinegro recién consumado. Personalmente, creo que lo más acertado es ubicar sus primeras voces fuertes en la década de 1960, cuando Peñarol conquistó 3 Copas Libertadores, 2 Copas Intercontinentales, 1 Supercopa de Campeones Intercontinentales y 1 Quinquenio, mientras que Nacional se contentaría con salir subcampeón del máximo torneo continental en 3 ocasiones. El tema se instalaría definitivamente en 1991, al cumplir el aurinegro sus primeros 100 años de vida y alcanzaría sus máximos momentos de delirio durante el Segundo Quinquenio de Oro, que terminaría de destruir psicológicamente a los hinchas albos.

Los mentirosos patológicos falsean la realidad como vía de escape, para obtener atención e incluso admiración, y entran en un círculo vicioso que les acaba dejando solos en el laberinto de sus mentiras.

Luego de consumado el Quinquenio, ya no habría solución. Al contrario, parece aumentar cada día más ese trastorno donde absolutamente todos están en su contra, y todo lo logrado por ellos es “de verdad”, en claro cuestionamiento a logros y realidades de los demás clubes. Es triste ver cómo los parciales de un club tricampeón de América y del Mundo, se comportan de esa manera. También es entendible que no debe ser fácil vivir a la sombra de Peñarol, un club notoriamente de mayor importancia y gloria que el suyo.

Un trauma es un choque o impresión emocional muy intensos causados por algún hecho o acontecimiento negativo que produce en el subconsciente de una persona una huella duradera que no puede o tarda en superar.

La escalera descendente ya no tendría retorno. En los últimos años podemos reconocer los siguientes delirios y/o trastornos: el “truchenio” (en referencia al Quinquenio de Peñarol), las 21 o 22 copas internacionales, los jueces de CONMEBOL vestidos de amarillo y negro, el famoso “sistema” donde árbitros, justicia y dirigentes operan en su contra, la bandera gigante aurinegra supuestamente financiada por los dirigentes, la IFFHS que nombró Campeón del Siglo a Peñarol no es confiable, la cantidad de socios aurinegros no es real pero la cantidad de socios de Nacional sí, los cuadros chicos los llevan a sus canchas porque están complotados con Peñarol, la FIFA reconoce el decanato de Peñarol únicamente porque Damiani estaba en la Comisión de Ética, y así podríamos seguir una tarde entera. Incluso, hace algunos años, una agrupación nueva venció en los comicios tricolores por el simple motivo de que proponía declararle la guerra a Peñarol en todo. No es necesario recordar como terminó eso.

El trastorno paranoide de la personalidad se caracteriza por un patrón generalizado de desconfianza injustificada y sospecha de los demás que implica la interpretación de sus motivos como maliciosos. Los pacientes con trastorno de personalidad paranoide desconfían de los demás y asumen que los demás tienen la intención de perjudicarlos o engañarlos, incluso cuando tienen una justificación escasa o nula para estos sentimientos.

Ni los 15 años de ventaja que dio Peñarol parecen haber mejorado la situación. Al contrario, la posiblidad de lograr un tricampeonato parece haber profundizado heridas aún no cicatrizadas. Esta temporada ha sido un cúmulo de declaraciones, actitudes y posturas patéticas por parte de Nacional, en absolutamente todos los estratos. Hinchas, dirigentes, jugadores, periodistas partidarios y empleados del club, nadie se salva de caer en los llantos conspirativos.

Venimos de unas semanas complicadas en ese sentido, donde mandaron más comunicados que las Copas Libertadores que brillan en sus vitrinas, y con lo ocurrido en el día de ayer, parece haber explotado todo definitivamente. Nacional venció con muchísimo trabajo a un club descendido y que hizo 7 puntos en 14 fechas, pero realmente creen en una conspiración que involucra a Peñarol, la AUF y AUDAF, donde hinchas carboneros o el propio Marcelo De León (víctima de la vandalización de su vivienda) grafiteó su propio hogar para responsabilizar a los parciales tricolores y así no solo lograr la suspensión del campeonato, sino también que se le adjudique la culpa a Nacional. Recordemos que además de los continuos comunicados, hubo una incitación a esperar a los jueces afuera del Frazini por parte de un periodista partidario, el Gerente Deportivo tricolor insultó a los árbitros, y el Twitter oficial no para de dar manija con el supuesto despojo y que Nacional juega “contra todos”. No es muy complicado determinar quiénes fueron los que generaron toda esta lamentable situación.

Al parecer el beneficio que obtendría Peñarol de jugar el próximo fin de semana en lugar de éste, es la recuperación de Walter Gargano (6 meses afuera), Cristian Rodríguez y Kevin Dawson (desgarrados, 15 días afuera). Se expresaron en las redes a favor de esta postura: Martín Sarthou, el Community Manager de Nacional y por lo tanto el vocero del club; Mathías Cardaccio, volante tricolor, Agustín Viana – en verdad no sé, pero nunca pierde oportunidad -, y por supuesto todos los hinchas tricolores, incluyendo una teoría de que en mayo también habían grafiteado el auto del árbitro Gustavo Tejera, y que haya sido con el mismo color de aerosol es una prueba irrefutable de que algo raro está pasando. No es joda.

Ya no es gracioso, y entre todos deberíamos poder determinar qué tipo de enfermedad es la que afecta a los tricolores. Es la única manera de que el fútbol uruguayo vuelva a valer la pena, como pasó en algún momento.

Listo. Hasta acá.