Ni títulos ni balances

“Queremos títulos, no balances” fue una protesta transformada en bandera, contra la dirigencia liderada por José Pedro Damiani, a principios de los años 2000. Desconozco el origen puntual del enojo de la hinchada -yo era muy chico-, pero me quedó grabado en la memoria.

Durante años me plegué a lo expresado en aquella sábana blanca. El endeudamiento no importa, queremos salir campeones a cualquier costo. En general, creo que todos podemos convivir con eso. El problema real, explota cuando usas más recursos económicos de los que realmente podés gastar, y los triunfos tampoco llegan. Y Peñarol ya llegó a un punto límite y preocupante.

La situación de la no renovación de Guzmán Pereira, me motivó a escribir al respecto. Todos, o casi todos, respetamos al jugador, y nos llevamos un buen recuerdo de su paso por Peñarol. La realidad, de hace un año a esta parte, es que no estaba en condiciones de jugar, y era uno de los sueldos más altos de plantel. Entiendo, y comparto, que el resto de los que compiten por el puesto o están en la misma situación, o son incógnitas, o directamente no tienen el nivel mínimo necesario. Pero el hincha ya no puede hacer más la vista gorda a los números.

Peñarol necesita recortar. El plantel es largo, caro, y -opinión personal- bastante mediocre en general. No sirve para tener un respiro en la economía, y tampoco nos va a dar mayores alegrías. Como mucho, y a duras penas, peleará y buscará el título hasta el final contra Nacional en el desprestigiado torneo local, como viene pasando hace más de 30 años -a veces ni eso-. Lo mismo sucede en la vereda de enfrente.

Junto con la noticia de la partida de Pereira, algunos medios de prensa replicaron que tanto a él como al Cebolla Rodríguez, se le adeudaban 10 meses de sueldo. Entre ambos deben ganar entre U$S 800.000 y U$S 1.000.000 en ese plazo. Asusta la facilidad con la que Peñarol contrae deudas millonarias, y en este caso en solo dos jugadores. Pensando más allá de esta situación puntual, es terrorífico.

El club ha tenido la costumbre de gastar 10 pesos, cuando le entran 5. Y por supuesto, no contarle ésto al socio. Los fracasos se han ido acumulando y las deudas también, algunas de cerca de 20 años de antigüedad. La famosa herencia maldita.

En los últimos años, se ha logrado equilibrar el balance anual con las transferencias de jugadores al exterior, un ítem en el que se ha ido mejorando considerablemente con los años. Sin embargo, la venta por necesidad se mantiene. Tomando como ejemplo el año 2018, Peñarol debió vender por cerca de U$S 7.000.000, para tan solo cubrir los gastos anuales.

Todos queríamos ver por más tiempo a Valverde, Nández, Rossi, Rodríguez, Núñez, y ahora Pellistri. Pero la dura realidad nos marca que, lamentablemente, cualquier oferta más o menos seria, es irrechazable para la economía de Peñarol. No solo debe cubrir los gastos anuales con el monto ya mencionado, sino que también acarrea una deuda millonaria con acreedores del club, y otra con el fideicomiso del Campeón del Siglo.

El balance 2018, a grandes rasgos, marcaba lo siguiente respecto a los gastos e ingresos mensuales:

Ingresos: U$S 1.340.000

  • Socios: U$S 560.000
  • Campeonatos Oficiales: U$S 365.000
  • TV: U$S 330.000
  • Otros: U$S 85.200

Gastos: U$S 1.900.000

  • Primera división: U$S 1.080.000
  • Otros gastos operativos y administrativos: U$S 820.000

Varios de los números pueden haber variado a lo largo de estos dos años, por lo que es meramente ilustrativo de la realidad actual. Allí podemos observar lo expresado más arriba: Peñarol debe vender entre 6 y 7 millones de dólares anuales para no dar pérdida. Y hasta marzo de este año, apenas ingresaba el dinero, el mismo salía inmediatamente para pagar la deuda pendiente con Casuny Capital Corp, empresa panameña del ex presidente Juan Pedro Damiani.

Los ingresos por televisión tampoco son tales. Una parte de ellos se utiliza para pagar parte de la cuota del préstamo del BROU para el Campeón del Siglo, y la otra para saldar de a poco la deuda millonaria con FEC NV, sociedad radicada en Curazao, y controlada por la familia… Damiani. 

Tristemente a Peñarol solo le queda la opción de bajar el presupuesto, y formar juveniles para vender, y así de a poco ir viendo el sol. Es posible que esto traiga algún revés deportivo, y algún año de sequía. Pero, ¿no los teníamos ya? Los casi 10 años sin jugar un solo partido de “mata-mata” por Copa Libertadores lo certifican. En el torneo local tampoco somos una garantía de éxito. Y los balances reflejan que estamos cada vez más endeudados. Ni títulos, ni balances.

La situación es crítica, y personalmente no tengo ninguna solución mágica para proponer, en la que Peñarol gane 2 de cada 3 Campeonatos Uruguayos, pelee la Libertadores cada tanto, no genere pérdidas y de yapa vaya bajando el pasivo. Los grupos políticos tampoco, ya que no existe tal. Hace tiempo que perdimos esa posibilidad. O nos hicieron perderla, para ser más precisos.

Algunos van a proponer los famosos préstamos donde deudor y acreedor son la misma persona, tapando el problema por un rato, generando dependencia y acrecentando la deuda por los intereses. Otros van a manifestar que bajando el presupuesto a la mitad y contratando 2 o 3 en puestos claves, te alcanza con ganar el Campeonato Uruguayo y pelear en la Libertadores, mientras vamos bajando el millonario pasivo. Tan lindo como irreal. No van a quedar por fuera quienes propongan un gerenciamiento y regalarle el club a un mesías, a cambio de que invierta millones de dólares. El remedio sería peor que la enfermedad.

Al club le esperan años difíciles, gane quien gane en diciembre. Es necesario entenderlo, aceptarlo y estar dispuestos a estar firmes junto al club en ese difícil camino. Como hincha y socio, sólo me queda recomendar pagar la cuota social, acompañar a Peñarol siempre, apoyarlo económicamente siempre que se pueda, y mantener bien lejos a los culpables de meter en este pozo a la institución más grande del continente. Solamente siento rechazo por ellos.