La herencia maldita

“Si no hay plata, la pone Damiani”, solía escucharse en Peñarol. La deificación de un mesías que llegaba con su valija llena de dólares para aportar de buena fe al equipo de sus amores, fue una constante en la vida diaria del club durante más de 30 años. Aquellos despilfarros, con pésimos resultados deportivos, nos siguen costando carísimos hasta el día de hoy. Aquellas “colaboraciones”, que continúan siendo un tema tabú del que nadie quiere hablar públicamente, no eran otra cosa que préstamos con altísimos intereses que la institución sigue abonando.

¿Cómo tenemos tantos problemas económicos si en los últimos tres años ingresaron varios millones de dólares por las ventas de Nahitan Nández, Santiago Bueno, Diego Rossi, Brian Rodríguez, Darwin Núñez, Gabriel Fernández, Federico Valverde y Lucas Hernández?, es una pregunta que se hacen todos los hinchas aurinegros. La explicación está en que un gran porcentaje de ese dinero, así como entra a las arcas del club, sale para saldar deudas con los máximos acreedores de Peñarol: antiguos y actuales dirigentes.

José Pedro y Juan Pedro Damiani cuando fueron presidentes, y Evaristo González en la actualidad, realizaron los mencionados aportes, que se transformaron en obligaciones a pagar por parte de Peñarol, con una alta tasa de interés anual. Al consultarles sobre el tema, Juan Pedro y Evaristo evitaron dar declaraciones al respecto. El ex mandatario dijo: “quiero mucho a la institución como para hablar mal desde afuera”, mientras que el actual Secretario General me consultó “¿te parece andar ventilando esto?”. Por otra parte, Isaac Alfie, tesorero del club, esgrimió: “no hablé de esto hasta el momento, y no lo voy a hacer ahora”, lo cual me sorprendió mucho ya que, cuando no integraba el bloque oficialista, era el primero en solicitar transparencia para los socios aurinegros. Me encuentro en una corriente de pensamiento totalmente distinta a la expresada actualmente por Damiani, González y Alfie. Considero que el socio de Peñarol merece tener claros los números del club, y a dónde va a parar la plata que ingresa al mismo, ya que los superávit registrados en los balances no se ven reflejados en la magra – por ser generoso – realidad deportiva de los últimos 30 años, por lo que seguí investigando hasta encontrar una respuesta satisfactoria.

Peñarol hace muchos años que entró en un círculo del que no pudo salir. La plata se malgastó, al punto de contratar 177 jugadores entre 2004 y 2013 (período en el que se ganaron únicamente dos Campeonatos Uruguayos). Para salir del paso y poder cumplir con todas las obligaciones, con plata que el club no tenía, José Pedro Damiani primero, y su hijo Juan Pedro después, prestaron dinero a Peñarol para poder tapar el agujero que ellos mismos habían generado.

En el mercado, cuando los intereses son muy altos, es porque el retorno es dudoso. Si aumenta el riesgo, aumenta el interés. En el caso de Peñarol, no es así. Juan Pedro Damiani y su familia tienen su plata cedida a cambio del cobro de todas las ventas de jugadores. Todas las transferencias pasan primero por él. Él decide cuánto se queda de capital e intereses, y el resto lo deja pasar al club. Así quedó estipulado y firmado cuando finalizó su mandato como presidente en 2017 y dejó de participar activamente de la vida política de Peñarol.

Que Juan Pedro Damiani es el principal acreedor del club, no es un secreto. Él mismo lo comentaba libremente cada vez que tenía oportunidad, y podemos tomar de ejemplo esta entrevista concedida a “Las Voces del Fútbol”, en setiembre de 2017: “Lo de Peñarol es un problema financiero que antes se solucionaba y que hubiera pasado desapercibido”, comentó el dirigente carbonero. Esta afirmación motivó la siguiente pregunta del periodista Julio Ríos: “Cuando Peñarol tenía estos problemas ¿Echabas mano al dinero de tu billetera?”. La respuesta fue directa: “Claro, y después cuando entraba el dinero, lo cobraba. Obviamente todavía se me debe. Yo fui un acreedor paciente. Estaba tranquilo porque se manejaba el club ordenadamente” (Texto extraído de www.futbol.com.uy).

Esto ocurre desde las épocas del Cr. José Pedro Damiani, y ocurrió durante todo el ciclo de su hijo Juan Pedro. “El club tiene hoy deudas por más de 12 millones de dólares y su principal acreedor es su propio presidente. Este es el triste presente de uno de los clubes más gloriosos del mundo que vive uno de los peores momentos de su historia”, mencionaba 180.com.uy en mayo de 2009.

¿Quién malgastaba el dinero del club, generando un agujero económico? Damiani. ¿Quién “aportaba” plata a la caja del club para sanar la economía? Damiani. ¿Quién aprobaba ese ingreso de dinero fresco? También Damiani. Y en esa calesita se encuentra Peñarol hasta el día de hoy. La actual gestión, con Jorge Barrera al mando, heredó varios problemas a solucionar del mandato de Juan Pedro. También hay que decir que gran parte de la directiva actual integraba el Consejo Directivo anterior y el actual presidente fue durante casi una década la persona de más confianza política de JPD, por lo que no quedan exentos de culpa.

Al asumir el actual “once” dirigencial, debieron hacer frente a una deuda con el plantel equivalente a casi 5 meses de salario – de unos 2.7 millones de dólares -, y a deudas con Mathías Corujo y Ángel Rodríguez por U$S 700.00 y U$S 300.000 respectivamente. Sin embargo, el problema mayor pasó a ser la deuda con el ex presidente, que luego de su alejamiento del club, dejó de ser un “acreedor paciente”, y se le tuvo que documentar todo lo que se le adeudaba, que fue prendado a las futuras transferencias que realizaría Peñarol. De todo ese monto inicial de la deuda, de la cual no pude obtener el número exacto de las diversas fuentes consultadas, se le abonaron 3.4 millones de dólares en estos últimos 2 años, incluídos intereses que databan del año 2011.

La deuda con los jugadores fue refinanciada, y además del sueldo mensual, se les va pagando lo que quedó atrasado. Las ventas concretadas el último semestre se arreglaron en cuotas, ingresando una de 2.5 millones de dólares en enero próximo. La totalidad de lo recibido se destinará a cubrir ese agujero que se mantiene con el plantel hasta el día de hoy. “La herencia maldita”, además de la enorme deuda dejada por la familia Damiani, es el modelo de conducción de club, del cual Peñarol aún no pudo desligarse.

Luego de la partida de JPD, Evaristo González tomó la posta y “quedó a cargo” de inyectar dinero a la caja de Peñarol. A diferencia de Juan Pedro, lo hace a través de un fideicomiso del cual es el mayor inversor, no generó los grandes problemas económicos y no exhibe su condición de acreedor como un logro personal. Sin embargo, en esencia es lo mismo. La plata no es donada, se ganan intereses y tiene retorno asegurado, ya que está comprometido el dinero que ingresa al club mediante los cobros de las cuotas sociales por tarjeta de crédito. De esta manera, tanto los ingresos por transferencias como por tarjetas de crédito de cuotas de socio, estarían destinados al pago de préstamos e intereses. Este nuevo “protagonismo” del actual secretario del club, generó la molestia de Damiani, quien ya no podría ser el prestamista número 1. 

González tendría colocados a esta fecha en Peñarol algo más de 2.5 millones de dolares, a una tasa superior a las encontradas en bancos de nuestra plaza. En las elecciones, su agrupación “Espacio Siglo XXI” obtuvo 450 votos. Tiene bajo su control el basketball (Luis De María), la vicepresidencia de la AUF (Gastón Tealdi), la Secretaría General y el rugby (el propio Evaristo). Parece demasiado poder para la confianza brindada por menos de 500 socios. Los grupos de Gervasio Gedanke, Sergio Perrone y Fernando Jacobo, con una votación similar y también pertenecientes al oficialismo, no tienen ningún cargo importante. Evidentemente, el aporte económico ha pesado a la hora de elegir.

Asombra el hecho de que, teniendo el cobro seguro de lo prestado, igual se le haya cobrado al club un interés anual alto, llegando incluso a un 15 % en deudas en dólares en el caso de Damiani. Más que un acto de amor hacia Peñarol, termina siendo una inversión. La plata entra, y así como entra, sale; y va a parar al bolsillo de los dirigentes prestamistas. Aportando U$S 2.500.000, se le ganan U$S 250.000 anuales a la inversión si tomamos como promedio un 10% anual para los intereses cobrados. Estamos hablando de un “sueldo” mensual de unos 20 mil dólares. Cuanto más se aporta, más se gana.

El Movimiento 2809 fue el principal crítico de que existan dirigentes acreedores y que tuvieran retenidos ingresos del club, como podemos verlo en esta entrevista realizada por 180.com.uy a Marcelo Areco, previo a las elecciones de 2017: “En ningún club del mundo quien está involucrado económicamente puede integrar un consejo directivo. Porque hay un claro conflicto de intereses. En un bolsillo tenés el dinero de tu familia y en el otro tenés el dinero del club del cual sos presidente. Ese es un conflicto de intereses que no se puede dar. Hoy quien toma las decisiones es que presta el dinero, fija los intereses, las garantías y elige cómo cobra. Y eso ha llevado al club a tener cada vez un pasivo más grande y a pagar mayores intereses, a pesar de haber vendido por 25 millones de dólares en los últimos siete años. Sin contar a Rossi, en los últimos 18 meses vendió por nueve millones y medio de dólares. Y a pesar de eso el presidente siguió prestándole dinero al club, hay cada vez más atrasos y están atrás de un fideicomiso. Es muy claro que el sistema no funciona (…) El club va a honrar su deuda como siempre. Aparte el presidente tiene garantías por lo que puso. No es que la 2809 o yo vamos a pagarle, lo hará el club como siempre lo ha hecho con todos. (…) Le contamos a los socios por qué no apoyábamos los balances, no porque diera ganancia o pérdida sino porque no reflejan la realidad económica del club. Un balance que dice que en los últimos seis años Peñarol dio ocho millones 400 mil dólares de ganancia y por otro lado el presidente presta, presta, presta y siguen los atrasos. Ahí está la incongruencia que no acompañamos”. Hoy en día, sin embargo, parecen aprobar las “ayudas económicas” de Evaristo González.

“Nos han intentado generar la creencia de que se precisaba una billetera para poder gestionar a Peñarol, pero esa billetera en realidad estaba cada día más llena, porque los intereses de los dirigentes que prestaban dinero muchas veces eran superiores a lo que se podía conseguir en la banca formal. Está claro que los balances no son claros”, dice Julio Trostchanksy, y agrega que a veces “se ocultan a través de empresas que tienen su casa matriz en Panamá”, y que hay deudas “que ni siquiera están registradas en los balances”. Aún así, con su grupo de economistas y contadores estimó que la deuda de Peñarol con la familia Damiani es de cerca de 4.000.000 de dólares”, mencionaba una entrevista realizada por La Diaria a Julio Trostchanksy, otro de los candidatos a presidente en aquellas elecciones de 2017.

Lo que mencionaba Trostchansky es una realidad, no es un invento. Debe terminarse el mito de “a tal no se lo puede criticar, porque pone la plata”. La plata la pone Peñarol. Llega un momento que no se puede utilizar la caja, porque todos los ingresos están cedidos. Los acreedores inyectaron el dinero a intereses altos, con garantías aseguradas y ganaron mucha plata con Peñarol durante todo este tiempo. Por otra parte, jugadores históricos del club siguen esperando el pago de las deudas que el club mantiene con ellos hace 15-20 años, sin acumular intereses y sin poder asegurarse su cobro.

Intenté conseguir informacion y opiniones con ex dirigentes y directivos actuales, de todos los grupos políticos. Algunos prefirieron no hablar, otros aportaron datos off the record, otros autorizaron a publicar datos brindados pero ocultando su identidad. El único que no tuvo problema en dar su nombre junto a sus declaraciones fue Julio Trostchansky, cuya agrupación Triunfo Aurinegro obtuvo 229 votos en los comicios de 2017 y posee representantes en la Asamblea, por lo que transcribo todo lo conversado con él:

“En su momento había una deuda que se estimaba aproximadamente en 4 millones de dòlares, cifra que fue disminuyendo en estos años a partir de la venta de jugadores. En ese momento, los balances no registraban necesariamente las deudas, o no las registraban de la forma correcta. Sobre esa deuda con la Flia. Damiani, lo que nosotros criticábamos y seguimos criticando, es que las necesidades del club no pueden ser solventadas por quienes se sientan en la mesa del Consejo Directivo y por lo tanto se encuentran de los dos lados del mostrador. Es decir, de un lado se sientan a defender los intereses del dinero que prestan, y del otro lado se sientan a tomar decisiones, que a veces incluye la decisión de pagar la plata que el propio dirigente está prestando. Por otro lado, se expresa de manera incorrecta lo que es “prestar dinero”. Acá ninguno de los dirigentes que dan dinero para solventar la situación del club, lo ponen por poner. Es decir, lo prestan con un interés determinado, que muchas veces es superior al que podría conseguirse con un préstamo a nivel de la banca formal. Muchas veces tiene que ver con la situación económica del club, pero muchas veces quizás tiene que ver con un deseo propio del dirigente de que esto sea así. También nos llama la atención que ese dinero nunca se establece claramente. No hay reglas claras, no se transparenta. Por un lado, nunca se sabe qué dirigente puso el dinero y cuánto. Por otro lado, no se sabe si ese dinero que pone no está condicionando algunas decisiones. Es decir, si ese dirigente puso dinero y en algún momento quiere volver a obtenerlo, quizás la decisión de vender a un jugador esté teñido de ese interés, y se decida finalmente vender a ese jugador porque el dirigente está necesitando el dinero. Otro de los elementos que creemos que no hace a la transparencia, es que nunca se explicitan las condiciones. Si bien se disminuyó notablemente la deuda con la Flia. Damiani y uno pensaba que íbamos a entrar en un nuevo formato, habiendo grupos como la 2809, hoy esos mismos forman parte del oficialismo: los que pregonaron tanto durante la campaña electoral que no podían existir más dirigentes acreedores dentro del club. Llama mucho la atención que se haya cambiado de una deuda importantísima con la Flia. Damiani, a otra deuda importantísima con el secretario del club, Evaristo González. Ésto habla de que los problemas se mantienen, y se mantienen con las mismas características. No ha dicho públicamente si ha puesto dinero o no, no sabemos en qué condiciones desde el punto de vista real, ya que no se han explicitado. Lo que se conoce de forma informal es que las condiciones de ese préstamo son muy beneficiosas para Evaristo, con intereses que son muy por encima de lo que sería un interés bancario o un interés por encima incluso de algunos bonos que hoy circulan en el mercado de valores. Incluso se sabe que es con garantías de los cobros de las cuotas a través de las tarjetas de crédito, lo que de alguna manera compromete la posibilidad de dineros frescos en el caso de que el dirigente quiera cobrar la deuda. Para el dirigente es todo ganancia. Tiene asegurado su cobro, porque lo tiene contra una garantía real, con un interés por encima de lo que se puede obtener en otros lados y además sin explicitar las condiciones que el club tiene con ese dinero que aportó este dirigente. Entonces cuando pasan estas cosas cabe preguntarse lo siguiente: ¿qué hace el secretario yendo a negociar pases del club a España? Donde fueron cuatro dirigentes para una venta como la de Darwin Nuñez. ¿Fueron a cuidar sus intereses o los del club? No digo que haya mala intención, pero la ausencia de transparencia genera suspicacias y genera dudas con sustento en la masa social. En estas condiciones, uno tiene el derecho a pensar que ese dinero que se presta no se hace en condiciones claras y en condiciones beneficiosas para el club. En la toma de decisiones, influye a la hora de vender jugadores y hacer negocios. Llaman la atención algunas publicidades semi-oficiales del club con el logo de la empresa que el secretario tiene, o algunos temas vinculados a la incorporación de Peñarol al rugby. Se siguen generando las mismas suspicacias y problemas que antes. Se cambió una deuda por otra. En este caso ni siquiera se hace explicito, cuando gobernaba Juan Pedro al menos sabíamos que teníamos una deuda con la familia Damiani. Hoy ni siquiera sabemos con quién tenemos la deuda, o lo sabemos de manera informal. El implicado no hace explicita esa deuda, ni en que condiciones es. Y no hay duda que los resultados deportivos tienen su que ver con los resultados económicos. El hecho de desarmar un plantel, contratar por debajo de lo que son las necesidades técnicas de un plantel competitivo, incluso el nivel que se alcanza desde el punto de vista de conformidad de un plantel si cobra todos los meses o no, si está en las condiciones de afrontar de la mejor manera el campeonato y una serie de cosas que dependen de la sanidad económica del club, al final terminan teniendo un costo, en el corto, mediano o largo plazo. Lo hemos vivido varias veces, y también en este desafortunado año que perdimos la posibilidad de ser tricampeones. La familia Damiani hizo mucho por el club, desde el contador hasta Juan Pedro. En este punto en particular se equivocaron, y generaron un formato de dirigente acreedor, que hoy en día termina siendo perjudicial. Y ahora, además, vinieron otros que durante mucho tiempo criticaron ese formato, y hoy se benefician del mismo. Y nunca la copia es mejor que el original. Hay algunos que durante mucho tiempo propusieron una cosa, hicieron creer a la masa social que iban a generar un formato diferente de gestión y hoy comparten y son parte de ese formato de dirigente acreedor que tanto mal le hace al club”.

Balance

El Balance de 2017, fue aprobado recién en julio de 2019, con “siete votos a favor, tres del oficialismo y cuatro del Movimiento 2809, dos abstenciones, una del sector Sentimiento 1891 y otra del oficialismo, mientras que dos del grupo de Ignacio Ruglio decidieron votar en contra”, según detallaba La República. En la misma nota se comentaba que también “se decidió que desde ahora se realice una auditoría externa para contabilizar los ingresos y pérdidas del club año tras año, para evitar el maquillaje de los números presentados y garantizar una mayor cristalinidad”. 

El Movimiento 28 de Setiembre, comandado por Marcelo Areco quien se había manifestado siempre en contra de la veracidad de los balances, votó en masa la aprobación del mismo. Por otra parte, Sentimiento 1891, que durante años se abstuvo de votar y no acompañó a la 2809 en la votación negativa, argumentando que una auditoría externa sería negativa para el club, ahora sí presentaba los votos en contra. 

El balance aprobado refería al año 2017, el último año de la gestión de Juan Pedro Damiani. No hubo cambios significativos como para que ambos grupos cambiaran sus argumentos a favor o en contra del mismo. La única modificación fueron movimientos internos de los bloques políticos. La 2809 decidió votarlo positivo para “darle un punto final a la gestión anterior y arrancar de 0”, mientras que la 1891 al notar esa postura, decidió pronunciar su voto negativo porque “el último año de la gestión de Damiani no ameritaba terminar con una aprobación general”.

El último balance, del año 2018, votado recientemente, es el primero en mucho tiempo que es aprobado por unanimidad. “Por primera vez refleja la realidad del club, aunque sea mala” me manifestaron varias de las voces consultadas.

La deuda con Juan Pedro Damiani está documentada a nombre de Casuny Capital Corp, una S. A. de Panamá. Esto puede verse reflejado en el balance 2018, disponible para su lectura en Padre y Decano. En el 2017 la cifra ascendía a $ 80.984.599, y ya para el 2018 era de $ 97.561.746, por lo que entre intereses y diferencia de cambio, la deuda aumentó en $ 16.577.147, alcanzando el monto de casi U$S 2.600.000.

Por otra parte, se mantiene una deuda vieja con la familia Damiani a nombre de FEC NV, empresa que fue muy nombrada en 2016 tras el escándalo de Lázaro Báez y el lavado de dinero del kirchnerismo. Así la describió El Observador:

Desde hace varios años, sociedades anónimas extranjeras le prestan dinero a Peñarol. La mayor deuda del club por estos préstamos está en poder de Financiera del Exterior del Comercio (FEC NV), una sociedad radicada en Curazao, Antillas Holandesas y controlada por la familia Damiani, como admitió el presidente de Peñarol a El Observador.

El 4 de diciembre de 2002 se registra el primer préstamo de FEC a Peñarol, como revelan documentos contables a los que accedió El Observador. El préstamo fue por U$S 15.000 y el presidente de la institución era el contador José Pedro Damiani, padre del actual presidente. En su audición radial, el contador llamaba a esta sociedad ‘la línea de crédito’. Cada vez que el agua llegaba al cuello financiero del club, Damiani recurría a FEC, su sociedad, como un flotador.

Con el paso de las temporadas, FEC se convirtió en el principal prestamista del club y al mismo tiempo en el acreedor más importante. El último balance anual aprobado por la Asamblea Representativa, que refleja el estado contable del club al 30 de noviembre 2014, informa que la deuda con FEC es de U$S 4 millones.

Damiani reconoció que FEC es de su familia. ‘Era una inscripción financiera de mi viejo del año 60’, dijo. La deuda de Peñarol con FEC NV era de U$S 3 millones en 2009, año en el que Peñarol le cedió derechos comerciales para que la sociedad cobre la deuda. En el contrato de prenda de créditos al que accedió El Observador, firmado el 1º de julio de 2009, el club le cedió ‘las recaudaciones obtenidas en espectáculos futbolísticos organizados, patrocinados o auspiciados’ por la AUF. Damiani (hijo) y el secretario general del club, Gervasio Gedanke, firmaron el contrato por Peñarol, mientras que como apoderado de FEC firmó Carlos De Cores, cuñado de Damiani, esposo de Magela.

Por este convenio de 2009, Peñarol también le cedió a FEC NV los porcentajes “que tienen su origen en la transferencia nacional o internacional de jugadores, en la venta de entradas, cobro de derechos de transmisión radioeléctrica o televisiva u otros orígenes cualesquiera, correspondientes a torneos oficiales, especiales, nacionales, internacionales”. El documento aclara que “quedan excluidos” de este acuerdo “los derechos de transmisiones televisivas (…) por su participación en espectáculos deportivos organizados por la AUF, únicamente en lo que respecta a la actividad local”, porque habían sido cedidos al Banco República (BROU) en 2008.

El balance 2018 refleja que a FEC se le debían hasta el 30/11/2018, $ 98.618.824, unos U$S 2.600.000, al igual que la deuda que registra Casuny Capital Corp. En total serían unos 5.2 millones de dólares que se le adeudaban a Juan Pedro Damiani y su familia hasta fines del año pasado.

Entre deudas deportivas, comerciales, financieras, provisiones de premios y otras cuentas a pagar, el pasivo ascendía a casi 22 millones de dólares terminando el año anterior.

Todo esto sin contar el préstamo del Campeón del Siglo, donde también se le debe a Damiani el terreno en el que está ubicado. El Estadio, además es una Sociedad Anónima, la cual le saca a la caja del club un % mensual según lo decidido por la Asamblea Representativa. Al ser altamente deficitario, la caja de Peñarol institución debe transferirle una suma muy importante mes a mes,  que hoy solo sirve para el pago de obligaciones, pero no permite tener al día a los proveedores del CDS, ni hacer el mantenimiento del mismo. A esto se le debe sumar la gran carga de intereses que generan anualmente los préstamos solicitados al BROU.

Esa es la triste realidad. A Peñarol lo condena su pasado, y también su presente, ya que varios de los que quieren desligarse hoy en día de la figura de Juan Pedro Damiani, forman parte hace años de su riñón político. La situación económica es muy mala, y aunque se está intentando mejorarla de a poco, va a costar subsanar tantos horrores cometidos durante tanto tiempo.

Más que nunca, se hace realidad: lo único que queda es esta hermosa gente.