Fuga de 1971: Noche de vergüenza

Tapa Revista Deportes 6 de febrero de 1971

El martes 9 de febrero de 1971 la Revista Deportes publica una crónica del periodista Juan Angel Miraglia contando lo sucedido en la Fuga de la noche del 6 de febrero de 1971 por la Copa Montevideo:

NUNCA hemos estado para los lugares comunes dentro del periodismo. Nunca hemos aceptado tomar por el camino del medio para escurrirle el bulto a nuestra responsabilidad de críticos. No va a ser este el momento en que, con más de 25 años de periodismo sin claudicaciones, vayamos a tomar la barra y balancearnos en la cuerda floja tratando de quedar bien con Dios y con el diablo. Sabemos sí que eso es muy común, pero para nosotros, para nuestro temperamento y para nuestras convicciones de que el deporte debe llegarse con el espíritu elevado y limpio, no hay otra alternativa en este momento caótico y aciago del fútbol, que llamarle a las cosas por su verdadero nombre.
De lo acontecido la noche del sábado en el Centenario, hay un solo culpable: la intemperancia, la deslealtad y la indisciplina con que es capaz de manejarse el plantel actual de Nacional. Quienes sean los lectores consecuentes y atentos de “DEPORTES”, saben perfectamente que a lo largo de meses hemos venido señalándole deficiencias grandes en el plano técnico, no obstante su condición de campeón Uruguayo pero más que nada, le hemos remarcado la forma desaforada e incorrecta con que se desempeñan muy a menudo varios de sus integrantes, apenas el equipo acusa alguna contrariedad en el juego o en el tanteador.
Hace apenas una semana, luego de su accidentado encuentro con el Cruzeiro por esta misma cien veces maldita Copa Montevideo, fuimos terminantes en cuanto a la inconducta del conjunto tricolor. Más aún, hicimos allí la predicción de que lo realizado entonces por Nacional; sus carencia, sus defectos, sus limitaciones técnicas y tácticas y su violencia; debía considerarse un toque de atención, como medio de evitarse males mayores. No sospechábamos que con tanta rapidez los hechos habrían de precipitarse y aparecer en toda su tremenda y lamentable dimensión la inconducta y la irresponsabilidad de la mayoría de quienes visten una casaquilla que ha alcanzado momentos estelares, dentro de un fútbol cargado de glorias como el uruguayo.

Al parecer hay algunos dirigentes de Nacional (desearíamos creer que es una minoría) y un grupo de exaltados hinchas que no representan a la totalidad ni mucho menos, que han pretendido ver en el juez Peña Rocha, al culpable de su derrota nunca tan lamentable como esta vez. Lo cual configura una de estas dos cosas: o un fanatismo insensato e inaceptable o una miopía que no es solo visual. Porque antes de seguir adelante en estas apreciaciones tenemos que dejar expresa constancia de nuestra solidaridad con el arbitraje del juez, adoptando decisiones que quizás no tengan precedentes pero a las que llegó por natural gravitación de los hechos precipitados por la brutalidad  y la violencia de los jugadores de Nacional.

En todo caso tendríamos que reprocharle tan solo su tolerancia inicial para con varias intervenciones violentas de Ancheta, Brunel y Mujica, siendo visible su intención de tratar de encauzar el partido por lindes de normalidad. Eso quedó de manifiesto cuando ya resuelto a adoptar una decisión drástica, esperó la coyuntura de expulsar a Ancheta y Lamas, pensando acaso que eso llamaría a los jugadores a recapacitar. Lo cual fue un sueño vano según se comprobó muy poco después. Digamos tan solo para terminar con las referencias al trabajo arbitral, que el único error grande fue el cometido por el línea Anzalas que, en la incidencia previa al segundo gol aurinegro, no sancionó un offside clarísimo de Villalba sobre la izquierda. Pero a esa altura, los dados ya estaban echados porque Nacional disponía de solo 7 jugadores en el campo.

Máspoli golpea a Etchamendi defendiendose del ataque del técnico tricolor.

Fue una noche de bochorno para el fútbol uruguayo. Fue una nueva muestra de irrespetuosidad para el público, al que se le sigue estafando con la realización de espectáculos que por una causa o por otra, no llegan a su fin y cuyo contenido futbolístico es nulo. Fue una nueva demostración de que los jugadores, verdaderos mimados del dinero y la publicidad gratuita, no sienten el más mínimo respeto por determinados principios que, algunas veces, los comunicados de la Mutual dicen sustentar. Fue una nueva demostración de que el fútbol no puede seguir en manos de dirigentes pasionales y llenos de un fanatismo peligroso. Fue una nueva demostración de que la Asociación Uruguaya de Fútbol tiene que ser objeto especial de atención para el ministerio del ramo, con la finalidad de introducir variantes sustanciales en materia de autoridad y de buena conducción de un deporte de tanto arraigo y de tanta resonancia, cuyos ecos llegan muy lejos por la misma popularidad a dimensión mundial, del fútbol.

La del sábado 6 de febrero en el Centenario, fue una noche de vergüenza para nuestro deporte. Pero más que nada para él, para una cultura indispensablemente mínima que tenemos la obligación de exigir a quienes alcanzan situaciones de enorme privilegio de múltiples aspectos. Estamos persuadidos que la gran masa partidaria de Nacional, reprueba tanta inconducta e indisciplina. Esa misma masa partidaria que no acepta eso ni que sus favoritos por dejar el fútbol de lado y apelar a la violencia, resulten al fin y a la postre, los rivales más fáciles que de un tiempo a esta parte tiene su tradicional adversario…

VER LA NOTA DE PADRE Y DECANO SOBRE EL PARTIDO