Un Cuervo amarillo y negro


En este Peñarol pueden cambiar constantemente los nombres o los esquemas, pero hay algo que no varía, el jugador más desequilibrante es Facundo Torres.

Quizás no sea lo más normal ni tampoco lo más aconsejable, que el líder futbolístico, que el jugador que tome la responsabilidad de cargarse el equipo al hombro, tenga solamente 20 años y esté dando sus primeros pasos en Primera División. Pero naturalmente se fue dando, tanto por el bajo nivel que han mostrado jugadores que en la teoría son los que tienen que resaltar, como también por el nivel de juego y la personalidad que muestra Facundo dentro de la cancha.

El número 10 en su espalda no es un capricho ni forma parte de una acción de marketing, sino que refleja a la perfección su labor dentro del campo. Se hace cargo del juego ofensivo del equipo. Abre los brazos y la pide siempre al pie. No se esconde. Los cuervos suelen alimentarse de todo lo que encuentran por casualidad. Son oportunistas. Facundo, fiel a su apodo, aprovecha cada oportunidad para transformarla en amenaza, y cada vez que la pelota pasa por sus pies, la sensación de que algo puede ocurrir está latente. Ya sea más atado a la línea, o con mayor libertad de movimiento sobre el centro, encara con desparpajo, sin perder de vista el objetivo final, la presa, el arco. Pisa la zona de definición con una visión clara, y cuando tiene la posibilidad de largar un zurdazo, una de sus armas más letales, no lo piensa dos veces. Se divierte jugando, sin pesarle la camiseta que está vistiendo, incluida la numeración de su espalda.

Facundo Torres ha participado directamente casi en la totalidad de los goles de Peñarol en este Torneo Clausura. Que de las formativas de nuestro Club salgan jugadores con este talento es motivo de orgullo en el hincha. Pero aparte de orgullo, es motivo de esperanza, porque si algo nos queda de esta, de cara a la definición del campeonato, gran parte se la debemos a él.  Todos esperamos poder seguir viendo al “Cuervo” vistiendo la amarilla y negra por mucho tiempo, y en lo posible desde las tribunas de nuestro Estadio, antes de que vuele hacia otro territorio.