Ya es jueves. Pasaron más de 72 horas de terminado el clásico. En la madrugada, de a ratos, llueve; la humedad y el frío complican el regreso de algunos a los que les tocó terminar tarde la atípica jornada del feriado y así sucedió en los días siguientes: el tiempo se ajusta a nuestro estado de ánimo…

Angustia, bronca, desazón, impotencia: un cúmulo de sensaciones que, sumadas al insomnio de estos días, me llevan -sin remedio- a enfrentar al teclado y preguntarme dos cosas: ¿Por qué? y ¿Qué hacer? ¿Por qué, Manya? ¿Por qué tenemos que verte así? ¿Por qué nos toca sufrir esta realidad?.

Tiempo atrás y en el ámbito de ManyaCapo.com y CampeonDelSiglo.com (otros dos sitios partidarios que me han permitido expresarme en sus espacios), llevé adelante un análisis pormenorizado de las causas que consideré decisivas para la eliminación prematura de la Copa Libertadores 2012… sin acusar a ningún protagonista; sin buscar ni identificar a uno o varios culpables; solo indicando instancias y decisiones que fueron -a mi humilde entender- determinantes para el fracaso deportivo en esta competencia. La intención era mostrar que la responsabilidad era compartida y que, luego del oasis que significó la inolvidable gesta de 2011, nada había cambiado en la gestión del rumbo de nuestro querido Peñarol.

Allí decía: “algunos ilusos -quizás- pensaron que las cosas podían cambiar ante un desempeño deportivo atípico y circunstancial como el que nos tocó vivir y disfrutar hace…” casi exactamente un año.

¿Algunos? Muchos más de los que un simple hincha apasionado e incondicional podía imaginar. La mayoría; la inmensa mayoría. El entusiasmo, la ingenuidad, la credulidad, la irresponsabilidad o la obsecuencia ganaron en el lugar que debe expresarse la razón; pero, si tiene que ver con Peñarol, no podemos pedir que esta prime sobre la pasión.

Pecamos al confiar en que, el milagro, era el inicio de la nueva etapa.

Disfrutamos sin mirar para atrás, para adelante ni para los costados. Nos dejamos engañar. Somos tan culpables como los protagonistas que buscamos acusar tras cada fracaso, para deslindarnos ese porcentaje que nos corresponde. Y me incluyo, porque Peñarol somos todos; en los aciertos y en los errores.

Solo once meses después, nos damos de bruces contra la realidad. La campaña del primer semestre de Peñarol en 2011 fue como una estrella fugaz; tan imprevisible como efímera.

Me duele en el alma. Me hace estallar los ojos sobre el escritorio. Miro al cielo, como hice para festejar cuando terminó el partido en Liniers, busco esas dos estrellas entre los nubarrones y le pido perdón a mis abuelos que, muy probablemente, también están amargados y buscando la forma para enviarme un mensaje de consuelo.

Esto de ser hincha es un proceso; casi tan extenso como la vida, arduo, áspero, conflictivo. Como todo proceso, tiene etapas, ciclos, instancias más y menos importantes, momentos buenos, malos, hirientes, inocuos… a los jóvenes como yo, nos toca asumir el hincha adulto en un momento extremadamente complejo.

Mi caso no es demasiado particular; una familia Peñarolense; abuelos hinchas, padre y madre hinchas, hermanas fanáticas… todos de Peñarol. Disfruto del legado; comparto con ellos cada instante de alegría así como los momentos de frustración. Asumo con gran placer y mayor responsabilidad, el compromiso de continuar con esta esencia hermosa; esta forma de sentir más que el fútbol que aprendí a nombrar cuando recién sabía 2 o 3 palabras.

Pero esto implica que debo representar, proteger y respetar al Club Atlético Peñarol.

¿Qué quiero decir con esto? NO PUEDO SER UN MEDIOCRE. Mis valores en la vida los comparto con Peñarol y, de la misma forma, mi amor por Peñarol es una manera más que válida de presentarme ante la sociedad entera.

Mi familia, mis amigos más cercanos y muchos otros “de tribuna” que esta pasión me ha regalado, me enseñaron lo que es Peñarol. A ellos les debo mucho de lo que soy y lo que sé de este enorme e incomparable sentimiento… y gracias a ellos, también, es que siento la obligación de ayudar a que las cosas cambien.

Ellos vieron a Peñarol campeón de todo; pudieron salir a 18 con el Mundo entero a sus pies. Mi vieja me cargó en andas el día que ganamos la última Libertadores: ¡Peñarol, carajo nomá’! balbuceaba mientras la gente llegaba a la Plaza Independencia… Me crié durante el Quinquenio, pero solo pude ver a Peñarol campeón uruguayo. Y, si digo “solo”, es porque valoro la grandeza de esta camiseta. No quiero imaginarme qué pensarán los Carboneros más chicos: los que nacieron en los 90 y pudieron gritar campeón, con suerte, en tres ocasiones durante toda su vida.

Entonces, siento que debo transmitir ciertos valores como: no festejar un clásico de verano como si fuera lo más importante que tengo para jugar; porque soy hincha de un Club que tiene la vitrina llena de trofeos internacionales… No idolatrar a personas que nada le dieron ni le dan a la institución y, con evidentes limitaciones, solo están haciendo su trabajo a cambio de una suma de dinero; porque por mi club pasaron grandes héroes, partícipes de hazañas que el mundo guarda en su retina y aún hoy no recibieron su justo reconocimiento… No vanagloriarme de tener más hinchas, socios, llevar más gente o realizar grandes recibimientos como si eso me hiciera ganar partidos o campeonatos; porque ya he visto a mi camiseta vencer con Estadios llenos en contra y debo respetar dichas proezas.

Puedo disfrutar de esas circunstancias, sí. Pero hay que comprender que esos resultados, esas personas y detalles del espectáculo paralelo al fútbol de hoy no se corresponden o son insignificantes respecto de la historia y la gloria de la institución a la que represento en tantos ámbitos. 

Es preocupante y peligroso acostumbrarse a la mediocridad. Esa triste realidad nos está pasando factura. Bajo ese manto de mezquindad e insuficiencia es que se están gestando las nuevas generaciones de hinchas de Peñarol.

Ulises, El Chavo, escribió hace muy poco acerca de situaciones que acontecen en la tribuna y algunos toman como normales, “propias del mundo globalizado y la evolución”, mientras muchos no damos crédito a lo que vemos y oímos. Con gran justeza y criterio, enmarca cuestiones insólitas que se pueden observar todos y cada uno de los fines de semana que nuestra camiseta sale a la cancha. Ese es un fiel reflejo de que las cosas están mal y, si seguimos por este sombrío camino de inacción e inoperancia, así seguirán hasta que ‘alguien’ se digne a tomar el timón y encausar este enorme barco a la deriva.

Al principio de esta columna me preguntaba por qué… todos tendremos una idea o habremos realizado un análisis más o menos profundo de lo que puede habernos llevado a la realidad actual.

Ahora ¿cuántos somos los que nos planteamos qué hacer?

Todo quien esté informado de la gestión del Club sabe que resulta imposible modificar ciertas cosas. Eso genera impotencia, es cierto. Eso hace que la gente se aleje y crea que no existen posibilidades de hacer algo, también es verdad.

El dominio dictatorial y la ausencia crítica de participación nos conducen a una inacción total…

Todos esperamos que otro se mueva; que otro se queje; que otro vaya al frente; siempre otro.

¿¿¿Y vos??? Sí, vos, el que le pone a los plumíferos que tiene 5 Libertadores ¿Qué estás esperando? ¿Vas a permitir que esto siga así?

No alcanza con quejarse y buscar culpables. Es sistemático y no ha tenido NINGÚN RESULTADO. Cada vez que los resultados no se dan:  

Nos acordamos del Presidente y decimos que “tiene la culpa de todo; no sabe nada de fútbol y encima es el principal acreedor del club (juez y parte en los préstamos), lo maneja como una empresa cualquiera y toma las decisiones unilateralmente, sin criterio alguno, nos miente en la cara, es un vendehúmos, mercenario, corrupto… que se vaya!”

Si no está o no aparece para tirar bombas del Estadio Invisible o sobre tapados que siguen debajo de las sábanas, le caemos al Vicepresidente, que “solo quiere figurar y hacer plata con Peñarol; que invirtió en el CAR y tiene testaferros que representan juveniles… no sirve pa’ nada y nos deja pegados todo el tiempo.”

Le pegamos al oficialismo que “es una agrupación de sometidos serviles y lacayos del presidente. Que están ahí por conveniencia, para hacer negocios personales; agachan la cabeza y dicen: ‘sí, señor’ a cada cosa que se le pasa por la cabeza al Sr. Feudal…”

Le echamos la culpa a la Directiva que “es impresentable, no hace nada, pierde todas y cada una de las instancias de contienda contra la gallina y tiene menos peso político que una hoja en otoño.”

Decimos que el responsable de todas las frustraciones es el Gerente Deportivo, que “es hincha de los plumíferos; estaba al mando en la AUF en la peor época de la Selección; se lleva todas las cometas encajándonos tremendos paquetes; nos cagó con las entradas en la Libertadores; es figuretti cuando ganamos y tira la bomba de humo cuando las cosas no salen.”

Y, ya que estamos, a los otros Gerentes que “están de cuento con los balances, las auditorías, la comunicación corporativa, los beneficios para socios, el CAR, Las Acacias, el Palacio…»

Cae en la bolsa el Encargado de Juveniles que, “tiene porcentajes de las ventas de todos los pibes; juegan los que están representados por contratistas amigos; hace años que está y nunca ganamos nada en ninguna divisional; sacamos 2 jugadores en 6 años… y, ahora, los vendemos sin que lleguen a debutar en primera”

Otro que recibe la condena es el Jefe de Departamento Médico que “demora más del doble que cualquiera en recuperar a los jugadores; tiene los tratamientos más ineficientes e ineficaces del mundo; le da el alta y vuelven a lesionarse como si fueran de cristal…”

Ni que hablar del Director Técnico de turno que “trae a cualquier mediopelo, muerto de frío; se deja armar el plantel por los representantes; no juega a nada; no transmite; pone a los jugadores fuera de puesto; expone a los juveniles y cuida a los -supuestos- consagrados; no saca a los que tienen ‘nombre’ o trayectoria en el club por miedo… ninguno sirve; que vuelva Aguirre”… “¿¿¿Aguirre??? el que nos dejó tirados por plata, con tremendos clavos y el campeonato empezado.»

Por supuesto que no zafa el Preparador Físico que “exige demasiado al plantel cuando no corresponde; no sabe recuperar a los jugadores a tiempo; no hace bien la pretemporada; no le obedecen con los cuidados y las dietas; los deja duros para el debut y se arrastran al final del campeonato…”

Y así con los jugadores profesionales que “vienen a robar la guita, a recuperarse o retirarse; viven de joda, salen, chupan, se van de putas y después ni transpiran la camiseta; vuelan en los cuadros chicos y la del Manya les queda grande; se cagan en las que duelen y no soportan tener que ganar”.

Puedo seguir con los juveniles que “están verdes o no tienen condiciones para jugar en Peñarol”; el psicólogo, la atención al socio, los encargados del museo, los cocineros de Los Aromos, el canchero del CAR, los porteros del Palacio y las telefonistas

¡¡¡ SIEMPRE LA CULPA ES DE OTRO !!!

Eso es lo que hacen los PROTAGONISTAS en nuestro club; ¡BUSCAN LOS CULPABLES AFUERA! 

Nosotros nos quejamos, puteamos en cuanto foro y red social podemos, reclamamos cambios, acusamos al que se nos ocurre y nos manijean pero nunca nos preguntamos qué hicimos, hacemos o haremos para CAMBIAR. En definitiva, HACEMOS LO MISMO QUE TODOS Y CADA UNO DE LOS ACTORES DEL CLUB: ECHARLE LA CULPA A OTRO.

No me insultes por demagogo. No te preocupes, Manya. Tengo la propiedad absoluta para decirle a todos los que estén leyendo estas líneas que yo también lo hice más de una vez, decenas, cientos…

Hace mucho tiempo que, en Peñarol, TODO LO MALO ES CULPA DE UN FACTOR EXTERNO: AUF, contratistas, Mesa Ejecutiva, Mutual, Jueces, Periodistas/Medios de Comunicación, mala suerte, infortunios insólitos, pelotas en el palo, contratiempos inesperados, brujerías, etcétera.; y lo bueno (contadas ocasiones) es gracias a las eficientes acciones de los encargados y las “““decisiones estratégicas””” (?) de la Directiva.

Las estadísticas y las comparaciones son útiles; sirven para llamar la atención.

De los últimos 12 campeonatos, ganamos 2. 

De 17 clásicos de esta gestión, ganamos 2. 

De 19 clásicos que nos remontaron en la historia; 5 fueron en los últimos años.

En los 2 últimos períodos pasaron más de 150 jugadores; 11 entrenadores en 16 ciclos diferentes.

Es triste, preocupante, alarmante. Pero también puede ser un arma de doble filo…

Todos sabemos que la conducción de Peñarol tiene irregularidades y ausencias importantísimas; ha faltado a la verdad en reiteradas ocasiones; lleva adelante políticas inexplicables; ha hilvanado una serie increíble de resultados deportivos nefastos a todo nivel; desconoce términos como: auditoría, valores, códigos, autocrítica, vergüenza y dignidad; vende como grandes éxitos la proyección y ejecución de ideas ajenas que, cuando se llevaron adelante, se decantaban para cualquier institución de la magnitud de Peñarol…

Pero, para la inmensa mayoría, todo eso se hubiese borrado con el codo si Sergio Pezzotta expulsaba al madril del Santos (por la patada criminal que sacó a Alejandro González del partido) y levantábamos la sexta Libertadores…

¡Dejemos de comprar resultados! No fanaticemos todas las causas que circunscriben al Club. Somos hinchas de una institución mucho más importante que un cuadro de fútbol… Por ejemplo, no debemos pelear y defender un capricho del presidente. Peñarol es el equipo más grande y glorioso de Uruguay, es el Campeón del Siglo XX en el Continente, Tricampeón del Mundo y todo eso lo logró sin tener un Estadio que, ahora, parece imprescindible. Si vamos a tener Estadio nuevo, que sea en un buen lugar; en las mejores condiciones y que no nos implique hipotecar toda posibilidad por tener que pagar una deuda imposible de saldar.

Dejemos la pasión un instante de lado y pensemos. Las cosas que pasan en Peñarol no las cambia un resultado circunstancial ni un Estadio.

Necesitamos a NUESTRO Club sano y fuerte para el futuro y eso requiere la PARTICIPACIÓN de TODOS: no solo con la cuota AL DÍA o yendo adonde sea de local y visitante…  hay que cambiar desde las bases; que la gente del club se acerque y vea en qué puede ayudar.

¿Qué hacer? Pensar en el club mucho más allá del domingo o la rivalidad con el hijo eterno. Eso es lo que quieren los que -hoy- ostentan el poder: distraer la atención de la masa con banalidades y esperar que falten 6 meses para las elecciones para armar un plantel competitivo… para eso faltan 2 años; amo demasiado a Peñarol y no estoy dispuesto a esperar. 

No hay más margen de error; se acabó el tiempo de la reflexión y la pasividad. Como reza una estrofa de Callejeros: “que no se quede mi Pueblo dormido; que ya no me engañen más ni jueguen conmigo…” 

Quiero que mi club CAMBIE a partir de mañana y de la mano de SU GENTE.

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