Sergio Núñez: “Quiero ganarle a la vida, tengo hambre de gloria”

Foto: Tenfield

Sergio ‘Toto’ Núñez, delantero que hoy juega en la Primera División del club, habló con el programa radial ‘Fútbol A lo Peñarol’ sobre su camino hasta llegar al carbonero, su infancia difícil donde casi pierde la posibilidad de caminar y cómo llevó una vida complicada sin dejar de luchar nunca.

Llegar a Primera: “Son momentos y hay que aprovecharlos, a veces te toca hacer muchos goles y otras no. Hay que entrenar y los goles llegarán, es un lujo estar en Los Aromos y entrenar con esos monstruos”.

Luchando por una oportunidad: “Yo lo busqué, el año pasado con el ‘Memo’ (Diego López), me habían ascendido pero tuve una lesión y tuve que recuperarme. Venían las finales y bajé otra vez a cuarta”.

Recuerdo clásico: “En Sub 16 perdíamos 2 a 0 en el primer tiempo, en el segundo lo remontamos y en el final me hicieron el penal para que Andrés Fourcade metiera el tercero”.

Lo que pide Forlán: “Que juegue tranquilo, que demuestre y que en cualquier momento dependiendo del progreso me puede meter en el equipo y jugar. Soy un ‘gurí’ pero va a ser linda la seguidilla de partidos”.

Sacrificio en los meses de pandemia: “Me levantaba a las seis de la mañana, a las siete arrancaba a entrenar, a las 11:00 salía. Luego de ahí en la tarde ayudada a mi mamá vendiendo cosas. Vendí garrapiñada en la calle, mi vieja cocinaba en casa. Nos agarró sin trabajo, también a mi viejo. Era una manera de aportar a la casa”.

Humilde como Peñarol: “Somos cinco hermanos y yo soy el quinto, el más chico de todos, por suerte ahora encontramos una vivienda para vivir pero vengo de una clase muy baja. Estuvimos viviendo en dos piezas toda la vida, con el baño afuera, dividido el cuarto. Uno para papá y mamá que también era la cocina. En el barrio bajo de Paysandú”.

Agradecido: “Mis viejos siguen en Paysandu todavía, yo me vine en 2016. Por suerte los dueños de esa casa son buena gente y nos dejaron vivir ahí, sino no sabría dónde estaba hoy. En la calle o en un hogar”.

El cambio en Peñarol: “Cuando llegué a Peñarol al principio no decía nada por temas de vergüenza. Pero me fueron ayudando, el calefón lo conocí en la casita (donde viven los juveniles aurinegros), en casa no sabía lo que era el agua caliente. En invierno era con balde, el techo estaba roto y cuando llovía a las dos o tres de la mañana nos levantábamos a correr las camas para que no se mojaran las cosas”.

No iba a las fiestas: “Me daba vergüenza por ser de perfil bajo. Cuando estaba en Paysandú antes de llegar a Peñarol me invitaban a los cumpleaños de gente de otra clase, que no les faltaba nada y no iba porque no tenía zapatos, no tenía para abrigarme, no tenía muchas cosas. Ahora puedo contar todo lo que pasé”.

Casi pierde la vida: “Ahora contando las cosas me siento más aliviado. Ahora tengo hambre de gloria porque también a los dos años sufrí un accidente con un camión. Tengo un injerto en el pie y en el muslo, estuve internado 13 días grave. Medicamentos a cada rato y fue bastante difícil, estar caminando es un milagro. Jugar al fútbol y estar en Primera me hacen sentir consagrado, tengo mucho para dar”.

Ejemplo en la vecina orilla: “Tomo mucho el ejemplo de Carlos Tévez y quiero ser un ejemplo para los que vienen de abajo, como cualquier trabajador queriendo progresar en la vida”.

La chilena una especialidad: “Me gusta tirarme y probar hacerla. Acá en el Club llevo un gol así, en Paysandu hice varios. Hice ciclo básico en el liceo y me gustaría empezar inglés para preparame para el futuro”.

Foto: Sergio Núñez (Instagram)

Laburante: “Mi madre cocina bien y hacía la garrapiñada para vender, también donas y tortas fritas. Yo iba con la bandejita y vendía”.

Pelea en la vida y en la cancha: “Yo soy un delantero de los que se quedan dentro del área. Me identifico mucho con Paolo Guerrero, esos tipos que pelean todas las pelotas, pican todas las veces, luchan. Hacer goles, que los hagan mis compañeros o alguna asistencia. Soy de los que se pelean con todos los zagueros”.

Ganarle a la vida: “Yo creo que Dios me ayudó, cuando hubo piedras difíciles, me pudo sacar. Estuve metido en la calle y fueron años complicados. Imagínate vivir en el barrio bajo y las juntas. Tuve errores, no estuve preso, detenido sí. En el bajo uno tiene que sobrevivir como puede y no es bueno, al contrario. Gracias a Dios cuando no tenía salida, se me abrió una puerta, apareció. No podía caminar y ahora juego al fútbol, cuando estuve al borde de la muerte, muchas peleas callejeras, todo. Si no me hubiesen visto para el fútbol no sé cuánto hubiese durado en Paysandú, si estaría preso, vivo o muerto. Hoy estoy agradecido a Peñarol y a la vida. Ganarle a la vida me hace sentir orgulloso”.

Cambio en la cabeza con ayuda: “Psicólogo, yo mismo, también me ayudé. Mis padres me dieron todo lo que pudieron, salíamos a vender botellas, cartón, cobre, lo que sea. A veces de noche comíamos arroz blanco y fue difícil pero pensé en que no debía sentir vergüenza de mis padres. Sí mis padres hicieron todo lo que pudieron para que nosotros comamos y estemos bien. Tenemos una casa, un hogar, tenemos una cama, tenemos agua y comida; estamos bien los siete”.

Faltaba comida pero no ganas de superarse: “Valoro todo porque sé lo que es no tener nada, eran noches donde a veces rompíamos el pan adentro de la leche y esa era la cena. A veces un té y quedaba con hambre por eso me quedaba en la calle, cuidando motos, lo que sea. Mi forma de ser, es querer ayudar a todos, siento que puede haber gente peor que yo y necesita una mano. Quiero ser la persona que ayude, tengo una hermana grave y es fuerte, tiene tres nenas. Mamá la ayuda, se hacen cargo en casa, yo siempre intento dar una mano, a veces no tenemos ayuda de nadie pero tenemos ganas de salir adelante. Me sobran las ganas de salir adelante, de contar mi historia, puedo ayudar”.

Perfil bajo: “Aprendí de mi padre, estuvo cuatro años preso y la que estuvo al firme fue mi madre, una guerrera. Todos tenemos errores pero sigo aprendiendo de ellos siempre manteniendo la humildad. Hace poco eran las doce del mediodía y con los compañeros del barrio estábamos tomando mate con leche”.