Segundo Quinquenio: la paternidad clásica

La historia clásica de nuestro país es bastante clara y explícita. A lo largo de ella, la supremacía de Peñarol sobre Nacional es realmente abrumadora, por momentos se vuelve excesiva e incluso llega a ser bastante cruel con aquellos que están en la vereda de los derrotados. No sabemos si tomarlo como un atenuante o un agravante a su situación, pero han estado en esa vereda prácticamente toda su vida, por lo que puede decirse que están acostumbrados a ser un equipo con más clásicos perdidos que ganados. 

Sin embargo, pese a la costumbre histórica de ser el equipo dominante en lo que a clásicos refiere, el Segundo Quinquenio mirasol es recordado hasta el día de hoy por la acentuada supremacía decana sobre su tradicional rival. Lógicamente, nuestra historia no se limita a un periodo de 5 años, pero hoy el recuerdo va para aquella época de alegrías.

Padre y Decano te propone hacer un repaso por todos los números y estadísticas clásicas de aquellos años, que dejarían secuelas insubsanables en la minoría deportiva del país.

Los números totales

El camino hacia la obtención del Segundo Quinquenio empezó el 4 de abril de 1993, con un inexpresivo empate sin goles ante Defensor Sporting en el Estadio Centenario. Curiosamente, terminaría también con un partido frente a los violetas, en el mismo escenario y cinco años después.

Desde aquel partido en abril de 1993 hasta la noche del 12 de noviembre de 1997, Peñarol jugó un total de 28 clásicos, de los que ganó 18, empató 4 y perdió apenas 6. Ganó más de la mitad de los encuentros y triplicó las victorias clásicas de su tradicional rival. Si sumamos los partidos por Liguilla Pre Libertadores jugados en 1993 (antes del inicio del Campeonato Uruguayo) y 1997 (después de logrado el Quinquenio), serian un total de 30 partidos, con 19 triunfos y 4 empates.

Los del Quinquenio

En lo que refiere a partidos clásicos por Copa Uruguaya, la ventaja es realmente abrumadora. A lo largo de los cinco títulos al hilo que obtuvo el Decano, se registran 17 partidos clásicos, con 12 triunfos mirasoles y solamente 3 para los cuelludos. La ventaja también puede verse de forma clara si tomamos la estadística anual de cada temporada.

En 1993, aun sin los torneos cortos que se implementarían al año siguiente, Peñarol se llevaría los dos clásicos del Uruguayo; 1-0 el de la primera rueda y 3-1 el de la segunda. El logro se repetiría en 1994, cuando el Decano triunfó en los clásicos de los torneos Apertura y Clausura, ambos con igual marcador: 2-1.

En 1995 se jugaron un total de 6 clásicos por Campeonato Uruguayo, con nueva superioridad aurinegra: tres victorias, un empate y dos derrotas. Se perdió el del Apertura, se ganó el del Clausura, a lo Peñarol, y se empató 2-2 en la final por dicho torneo, que terminaría ganando Nacional en penales, dándole paso a la definición del Uruguayo. Nuevamente se impuso el carbonero (1-0), Nacional logró triunfar en el segundo partido (2-1) y llegaría el tercer y decisivo encuentro, en el cual los manyas se alzarían con el título tras vencer 3-1.

Durante el Uruguayo de 1996 se registraron 4 clásicos: dos triunfos de Peñarol, un empate y una sola derrota. Nuevamente, el destino quiso que los tradicionales rivales definieran el título. Nuevamente ganó Peñarol, que esta vez precisó de tan solo dos partidos. Victoria en el primero (1-0) y empate en el segundo (1-1), para festejo del más grande.

El Campeonato Uruguayo de 1997 era la prueba de fuego. Todo o nada. Peñarol iba por su Segundo Quinquenio y Nacional haría todo por cortarlo. Todo menos ganar los clásicos. Se jugaron tres por el Uruguayo, y todos ellos fueron triunfos mirasoles. El del Apertura se ganó cómodo, 2-0. El del torneo Clausura es uno de los más recordados por el publico oriental, ya que el manya caía 1-3 pero lograría la hazaña y terminaría ganando 4-3. Apenas dos semanas después, los tradicionales rivales se volverían a enfrentar, esta vez en partido eliminatorio por las semifinales del torneo. El triunfo ponía al ganador en la definición, y parecía ser de Nacional, que al inicio del segundo tiempo ganaba 2-0. Pero nuevamente el Decano se repuso a la adversidad y terminó logrando un triunfo clásico como más le gusta al hincha: a lo Peñarol.

En definitiva, los tres clásicos perdidos fueron el del torneo Apertura 1995, que terminó ganando Peñarol, la segunda final del Uruguayo 1995, que terminaría ganando Peñarol, y el correspondiente al Clausura 1996, que ganó Nacional y lo depositó en las finales por el Uruguayo, que también ganó Peñarol.

Además, a lo largo de aquellos años, Peñarol y Nacional debieron definir dos títulos y una semifinal. Todas ellas fueron ganadas por Peñarol.

Hubo tiempo para todo

No solo se logró una amplia ventaja en el ámbito local, sino que durante los años del Quinquenio también se jugaron clásicos por torneos internacionales. En la fase de grupos de la Libertadores 1997, Peñarol goleó a su rival 4-1 en el primer encuentro y cayó derrotado en el segundo. Posteriormente, también se jugarían clásicos por Supercopa, donde se registra un empate en el primer choque y un triunfo decano en el segundo.

Por si fuera poco, en febrero de 1996 se jugó el primer clásico de la historia en el interior del país, que se saldó con un triunfo aurinegro por 3-1. En agosto del mismo año hubo revancha en Paysandú y Rivera, donde se registró un empate 1-1 y un triunfo 3-2, respectivamente. La paternidad se hacía valer a lo largo y ancho de toda la República, tal como refleja la estadística general.

Apenas unas semanas después de aquel 12 de noviembre de 1997, manyas y tricolores debieron definir la Liguilla 1997. Una vez más, Peñarol venció a su rival y se alzó con el título. Fue la yapa de un ciclo glorioso.

Las secuelas permanecen hasta el día de hoy, se pueden percibir muy fácilmente en cualquier hincha de Nacional que haya vivido aquellos años, pero poco nos tiene que importar. Nosotros seguiremos recordando el último Quinquenio del fútbol uruguayo y siendo el único club que lo obtuvo dos veces. El costo será tener un rival clásico que nunca dio la talla.