Enseñanza mezquina

La remera tendida y la bandera servida. Viajar, parar y saludar, “a la vuelta te doy”. Puerta caminando, cacheo generoso y me abraza la picardía oculta en mis genitales.

Genes repartidos en la tribuna. Familias ensambladas y desarmadas se juntan en una grada. Me agradan al costado señores con dolores y señoritas con sonrisas. Mate, ‘Coca’, porro y cocaína se juntan sin avisarse, y toda pupila olvida lo que jodía.

Se juega y todos atentos. La puteada al de siempre, el aplauso al soldado. Anécdota en el medio pa’ distraer el bodrio. En el medio del cuento llegó el primero y afloró la sonrisa.

Un poco de ahogo siempre viene bien para poder salir, y resoplar la esperanza de renacer como la primera vez. Peñarol gana otra vez. De la forma que va su vida. En subida y bajada pero siempre renaciendo donde deseen las flores.

En eso la tribuna daba sus mejores frutos; paz y picardía convivían. Los amigos se abrazan y la vuelta se volvió amiga. La simpleza de un partido más dejando una enseñanza mezquina. Ganar y perder, siempre juegan.

Sólo queda elegir cómo renacer para volver a creer, y reír otra vez.

Quien lo siente lo sabe.

Foto: Martín Escafandra