El que no salta, abandonó

Un 6 de febrero, pero de 1971, Nacional concretaba su sexto abandono frente a Peñarol. Se disputaba el clásico por la Copa Montevideo, cuando a pocos minutos de comenzado el segundo tiempo y con el encuentro 2 a 0 a favor del aurinegro, Juan Carlos Blanco – bicampeón de América y del Mundo con los tricolores – fingió una lesión a pedido del técnico albo, para quedar en inferioridad numérica y que el cotejo finalizara. No fue la primera vez. En 1906 -en dos ocasiones -, 1918, 1926 y 1949, ya habían desistido de finalizar o jugar un partido frente a Peñarol. En esta nota detallaremos todas y cada una de las 6 fugas clásicas realizadas por nuestro tradicional rival.

29/7/1906 – Campeonato Uruguayo

En la temporada de 1906, los tricolores presentaron dos equipos para competir en la primera división del fútbol uruguayo: Nacional A y Nacional B. Peñarol debía enfrentar a Nacional B, el 29 de julio de 1906 en Villa Peñarol. Los albos decidieron no presentarse, obteniendo el conjunto mirasol los 3 puntos que iban a disputarse en el encuentro. Por la segunda rueda, el aurinegro visitaría al conjunto B tricolor en el Parque Central, y lo golearía 3 a 0.

7/10/1906 – Campeonato Uruguayo

Debían enfrentarse Peñarol y Nacional A en Villa Peñarol, por la segunda rueda del Campeonato Uruguayo. Los tricolores no se presentaron, ya que tenían algunos convocados a la selección uruguaya – Carlos Calve Urioste, Carlos Cibils Juárez, José Zuazú, Gonzalo Rincón, Alejandro Cordero y Marcos Frommel -, y no querían utilizar jugadores de su tercer equipo. La excusa brindada, fue que estos players no podrían volver a jugar en su categoría, por reglamento. Polémico.

Los puntos por el Campeonato los obtuvo Peñarol, y paralelamente se disputó un amistoso en el Parque Central, donde vencieron los tricolores 1 a 0 con gol de Ildemaro Montecoral. Las crónicas de la época señalan que se jugó entre 14:30 y las 16:00 hs, ya que luego estaba pactada una práctica del seleccionado, que debía enfrentar a Argentina el 21/10. Actualmente en el historial clásico de Padre y Decano, contabilizamos los hechos de aquel lejano 7 de octubre de 1906, como un triunfo para cada lado. Sin embargo, está en revisión, ya que parece no haberse jugado con el tiempo reglamentario de 90′, y se duda que realmente se haya disputado con las camisetas tradicionales, e incluso con jugadores de la plantilla de cada equipo en su totalidad.

La realidad es que, en tan solo un año, Nacional decidiría no jugar el clásico en dos oportunidades.

1/11/1918 – Copa de Honor

El 1º de noviembre de 1918, debían enfrentarse Peñarol y Nacional por la Copa de Honor. En esos días, Montevideo fue asolada por una epidemia de gripe. “Para el viernes se ha fijado el encuentro entre los dos campeones, cuyas filas se encuentran diezmadas por la enfermedad de moda. No obstante, el partido en cuestión será el asunto preferido de la “hinchada” durante la semana” (Diario El País, 30/10/1918).

Al día siguiente, Nacional comunicó que no se presentaría a jugar el partido, alegando que la epidemia de gripe había atacado a todos sus jugadores. Pocos creyeron realmente que ese fuera el motivo valedero.

El País ironizaba ese mismo día: “Por lo visto la “grippe” es un gran enemigo de Nacional. Primero, algunos jugadores, después otros, más tarde los hinchas y por último el resto de los jugadores y hasta el presidente y el mismo delegado, señor Rodolfo E. Bermúdez, han sido atacados por la molestia dolencia. A todos les deseamos una pronta y franca mejoría” (Diario El País, 31/10/1918).

El día del partido, se había informado que “la primera escuadra aurinegra haría un match de práctica con la segunda (…) Por eso muchos aficionados se dirigieron hasta el field. Sin temor de exagerar podemos decir que llegaban a mil quinientos. Cuando el árbitro Sr. Angel Minoli, comprobó que la hueste nacionalófila no llegó a la cita, llenó el formulario haciéndolo constar y retirándose luego de que el capitán de Peñarol llenó el cuadro, con los nombres de sus jugadores, que eran los siguientes: Chery; Rognoni y Reggiardo; Ruotta, Delgado y Carazús: Leyenda, Gesuele, Luchini, Gradín y Campolo. Como se ve, Peñarol clasificóse campeón uruguayo de la Copa de Honor sin jugar. Con la gente de que disponía, no le hubieran ido muy bien las cosas, si los albos constituían team. Benincasa, Pérez y Artigas estaban enfermos. No se encontraban, pues, en condiciones de actuar” (El Día, 2/11/1918).

“De Nacional, ni noticias”, escribiría El País. Nada nuevo.

26/12/1926 – Campeonato Uruguayo

El 22 de agosto de 1926, Nacional venció a Peñarol 2 a 1 en el clásico correspondiente al Campeonato Uruguayo Especial. Como se estilaba mucho en esa época, Peñarol realizó un reclamo ante el Consejo Provisorio, argumentando no estar para nada conforme con la actuación arbitral, que había favorecido claramente a los tricolores. La institución encargada del fútbol uruguayo analizó el caso y “entendió la justa protesta que entablara el club decano oportunamente”, anulando el encuentro disputado y fijándolo nuevamente para el 26 de diciembre de 1926.

La directiva alba, supuestamente en protesta de lo ocurrido, envió una nota al Consejo Provisorio comunicando que no se presentaría a los encuentros restantes, frente a Central y Peñarol: “Club Nacional de Football. – Montevideo, Diciembre 16 de 1926. – Señor Presidente del Consejo Provisorio del Football Nacional. Doctor Héctor R. Gómez. Presente. – De mi consideración: Cúmpleme hacer saber a usted que la comisión directiva que me honro en presidir, en reunión de esta fecha, por unánime acuerdo de sus miembros, resolvió no presentar su equipo en los partidos que queda por realizar en la presente temporada” (La Razón, Diciembre 1926). Atilio Garrido y Joselo González, en su libro “El Gol del Siglo”, fueron más allá, y esgrimen que la nota también expresaba que el retiro era por el exceso de calor que reinaba en Montevideo, algo que tampoco nos sorprendería. En el mismo párrafo se menciona a un club conocido como “los pingüinos de La Blanqueada”, pero al parecer se trataba de otro distinto.

Sobre la nota de Nacional, el Consejo Provisorio resolvió: “1.o Acusar recibo de la nota y expresar a ese club que el Consejo Provisorio del Football Nacional está seguro de haber procedido con justicia y de no haber merecido la actitud de Nacional, que seguramente obedeció a otras razones. 2.o Adjudicar a los clubs Central y Peñarol los puntos de los partidos que debieron jugar con Nacional”.

La prensa de aquella época, al instante sospechó de los motivos que movieron a este abandono tricolor. “El Diario” publicó: “El problema que agita actualmente al viejo y glorioso club del Parque Central es en verdad más complejo e intrincado de lo que a primera vista parece. El momento porque atraviesa la entidad alba es de suma gravedad. Diversos factores han conspirado para que la situación de Nacional haya hecho pensar a algunos que lo más conveniente es la liquidación del club. Las exigencias de los campeones de hoy, la liberalidad de los dirigentes, la dirección que éstos han imprimido a la entidad, en fin, una serie de hechos hacían ya imposible la marcha normal de la institución y  reclamaba un alto para adoptar una solución de emergencia. Pero para ello era necesario buscar una causa y se encontró, considerándolo injusto en el fallo, justicieramente dictado, de la protesta Peñarol – Nacional. Porque la verdad es esa. No es el fallo aludido el que ha provocado tal estado de cosas sino los problemas de orden interno que se oponen al progreso de la institución y que amenazan su futuro. (…) Considerando, pues, que la resolución de cesar en las actividades por la actual temporada puede explicarse teniendo en cuenta la situación anormal porque atraviesa Nacional, no la consideraríamos justa ni digna, si se invocara para adoptar la disconformidad con la dirección de nuestro football”.

“La Razón” también hizo mención al tema: “Peñarol interpuso el reclamo de una justa propuesta, ante el fallo de un partido, que estuvo y está en la mente y el espíritu de todos que la equidad fue en él, valor viciado de nulidad. Expedido el tribunal competente bajo la égida de una sana moral, anuló un match cuyo score fue resultancia de circunstancias anómalas, colocando así de nuevo frente a frente a los adversarios que, en nuevo cotejo, deberían dirimir supremacías en una justa a rodearse de todas las garantías. Nacional, obedeciendo a causales de orden interno que lo inhibirían para una lucha formidable y decisiva, en gesto en completa discrepancia con los deberes caballerosos y deportivos de una institución de su talla, optó por una retirada estratégica, que nunca pueden haber aconsejado la cordura y el raciocinio, elementales en todos los cerebros organizados. Y ahora, en forma insidiosa, se pretende empañar la gloria de una entidad como Peñarol, que no necesitó jamás valerse más que de sus propios medios y esfuerzos, para conquistar los lauros que con orgullo ostenta (…) Peñarol ha triunfado en esta etapa de su vida como en tantas otras; y si no ha podido vencer a todos sus adversarios para ello, no puede culpársele de la deserción de quienes, quizá por temor a la derrota, no osaron ponerse al frente. El Consejo ha procedido bien, y nada debe importarle más que eso”.

El mismo diario, en otro artículo titulado “La actitud de Nacional”, se refirió a las grandes injusticias que ejercía la AUF a favor de Nacional, y las grandes diferencias morales que siempre caracterizaron a ambos clubes: “El Club Nacional de Football, estaba acostumbrado, de muchos años atrás, a ganar en la Asociación los campeonatos que perdía en las canchas. Frente a Peñarol y a otros cuadros no venció siempre con su mejor juego. – Peñarol fue víctima de muchas injusticias y de muchas arbitrariedades, para propiciar los éxitos de Nacional.- Para no citar los casos famosos de los jueces que llegaban al field con consignas preestablecidas, recuérdese aquel caso, cuando Peñarol llegaba del Salto, con sus jugadores lesionados, y se le obligó a medirse con su poderoso rival en un encuentro decisivo, oponiéndole su cuadro de segunda división! – Siguió luchando, hasta que se separó de la Asociación, siendo campeón del año, por defender principios superiores de índole moral y deportiva. – Ahora, Nacional, equivocado y rebelde, se retira porque se falla una protesta contra él, en nombre de una justicia que, al fin, se restablece, en la dirección del football! Y eso no está bien.- Sobre todo, cuando ese fallo remite a un nuevo cotejo de valores la decisión definitiva, no otorgando favores a nadie contra nadie! Hay que saber ganar y hay que saber perder. – Peñarol lo ha demostrado siempre. – Ahora debieran demostrarlo sus adversarios!”.

Con la decisión ya tomada por parte de Nacional, Peñarol se consagró campeón automáticamente del Campeonato Uruguayo de 1926. El aurinegro aún debía enfrentar a Wanderers, y las crónicas de aquel diciembre lo reflejaban así: “La reciente decisión de los albos de retirarse del campeonato especial, ha venido a restar cierta importancia al lance que aurinegros y albi-negros deben dirimir esta tarde en el ground de Pocitos. Y decimos que le ha restado importancia, no porque la lucha en sí pueda dejar de ser emotiva, sino que el resultado del encuentro, no puede variar absolutamente en nada, la posición final de los clubs, por cuanto pierda o gane el club decano, de hecho queda clasificado campeón”.

El encuentro había sido fijado para el día 26 de diciembre, y como ha pasado varias veces en la historia de este encuentro, Nacional no apareció. Así, Peñarol ganaba un nuevo clásico por walk-over, su novena estrella de liga, y demostraba, una vez más, que es el único club grande de este país.

9/10/1949 – Campeonato Uruguayo

El más famoso de todos. El “Clásico de la Fuga”.

La temporada de 1949 había comenzado, como era costumbre, con el Campeonato Competencia, y Peñarol lo había conquistado con puntaje perfecto y con la friolera de 35 goles a favor (un promedio de casi 4 por partido) y tan solo 9 en contra.

El 21 de julio de aquel año se dio inicio al Campeonato Uruguayo y Peñarol goleó 5-0 a Liverpool, luego 5-2 a Central, 3-0 a River Plate, 3-1 a Danubio, 6-1 a Defensor, 6-0 a Wanderers y 5-3 a Cerro. Aquel equipo, que luego de aquella temporada, pasaría a la historia como “La Máquina del 49”, cuya potencia goleadora arrasaba a los rivales, llegaba con los resultados mencionados a la octava fecha a enfrentarse a su tradicional rival.

La semana previa se vivió con mucha pasión y en un ambiente caldeado por la cantidad de entradas que Peñarol, locatario en aquella oportunidad, había destinado a los simpatizantes del Club Nacional. El club Decano llevaba 4 puntos de ventaja sobre Nacional, pero éste tenía un partido menos jugado.

En una tarde lluviosa y tribunas colmadas se diputó el encuentro. A las 15:30 hs en punto, dio comienzo el partido, que comenzó con gran dominio de Peñarol, jugando casi completamente en campo adversario. A los 38 minutos de juego, Alcides Edgardo Ghiggia tomó un rebote en el área tricolor, y con tiro alto y violento batió por completo a Anibal Paz en medio de una extraordinaria explosión de los hinchas que colmaban el Estadio Centenario. Este gol de Ghiggia quedará marcado también como el primer gol que le anotaba a Nacional.

Pocos minutos más tarde, cuando estaba terminando el primer tiempo, el juez sancionó penal para Peñarol y ante la protesta y los empujones que el jugador tricolor Tejera emprendiera ante el árbitro, éste lo expulsó. El penal fue pateado por Míguez y atajado en primera instancia por el golero Paz, pero en el rebote el Patrullero Vidal convirtió el segundo gol.

Los jugadores de Nacional protestaron invasión de Vidal, y Walter Gómez le propinó un puntapié al árbitro, siendo expulsado. Se reanudó el juego con el correspondiente saque del medio, jugando ahora Nacional con 9 jugadores. Cuando avanzaba Schiaffino en poder de la pelota ordenando un nuevo avance de su línea, se escuchó el silbato del árbitro dando por finalizado el primer tiempo del partido con la victoria parcial de Peñarol. Nacional debía enfrentar el segundo tiempo perdiendo 2-0 y con nueve jugadores.

Todos los presentes en el Estadio presagiaban la goleada, cuando en el transcurso del intervalo, comenzó a correr el rumor de que Nacional no se presentaría a jugar el complemento. Salieron los jueces a la cancha, salió Peñarol a la cancha, pero el tradicional rival nunca lo hizo.

El juez hizo sonar el silbato y dio por terminado el encuentro. Peñarol emprendió la vuelta olímpica, ya que con ese resultado se coronaba campeón de la Copa de Honor y como por arte de magia, paró de llover y salió el sol.

Las críticas ante la actitud antideportiva de Nacional fueron unánimes y no se hicieron esperar.

El diario El Día repudiaba lo sucedido, culminando sus comentarios con la frase “hay que saber perder y luchar hasta el fin”.

El delegado de Nacional, intentó explicar lo inexplicable, haciendo mención al desfavorable estado de ánimo de sus players y diciendo que los futbolistas en el vestuario expresaron no disfrutar de las garantías necesarias, y decidieron retirarse.

Peñarol no hizo esperar su respuesta, expresando su dolor por lo sucedido y dejando en claro que, “en nuestros años de adversidad, jamás nosotros hemos salido de una cancha de fútbol en esas condiciones, rehuyendo a la lucha de nuestro caballeresco antagonista. Hemos recibido goleadas y dado hurras al club contrario al salir de la cancha”.

Nadie desconocía el verdadero motivo de la fuga por el túnel: los tricolores temían que Peñarol tomara revancha de la goleada sufrida en 1941. Así lo expresó Washington Ortuño, volante aurinegro: “Con nueve, once o doce jugadores nos hubiéramos tomado la revancha del 6 a 0”. También lo señaló el escritor Dionisio Alejandro Vera (Davy): “Digan que Nacional se retiró, porque si no le encajaban seis”.

Pero el mejor resumen de lo sucedido, lo escribió “El Plata”:

“No hubo relación proporcionada ente causa y efecto, pero aunque la hubiera, tampoco se hubiera justificado el abandono de la cancha. […] Nacional no volvió, porque habiendo quedado con nueve hombres temió caer por un escore de guarismos sensacionales. Esta debe ser la verdad auténtica.[…] El secreto no radica siempre en saber ganar. Es preciso tener temple y elegancia para saber perder y Nacional no supo elegir el verdadero camino. El deshonor le pesará eternamente”.

6/2/1971 – Copa Montevideo

Peñarol ganó el clásico 2 a 0 correspondiente a la Copa de Montevideo de 1971, disputado el 6 de febrero. Este clásico quedará en la historia ya que al quedar en inferioridad numérica, el tradicional adversario hizo expulsar a sus jugadores para suspender el partido y evitar la goleada histórica.

El partido se marcó desde el comienzo por el juego brusco del rival. El argentino Castronovo y el yugoslavo Petkovic ya en los primeros segundos de juego se hacían imparables para la defensa tricolor; de esta manera marcaban el dominio carbonero dentro del campo de juego y rápidamente Peñarol abrió el score con gol del argentino Onega de tiro libre.

Peñarol ganando 1 a 0, siguió siendo más peligroso, jugando un fútbol más vistoso. Mientras tanto, el rival de siempre se dedicaba solamente a pegar de forma alevosa. Fue tanta la violencia empleada por los jugadores del tradicional rival que el yugoslavo Petkovic terminó con fractura del tercio superior del peroné luego de recibir un patadón del jugador Mujica. Increíblemente, Mujica no fue expulsado en dicha jugada.

A los 35’ aparecen los primeros expulsados, uno de cada bando. Anchetta agrede a Lamas y éste reacciona, resultando los dos expulsados. Los tricolores siguen desbordados y siguen utilizando las agresiones para poder detener a los delanteros carboneros. A los 43’ Maneiro es expulsado por aplicarle un puntapié de atrás a Acuña. Luego de esa expulsión el juez expulsa a Montero Castillo y a Mujica por insultar al juez.

Nacional a los 46’ quedaba con siete jugadores. Peñarol tenía el camino libre para realizar una goleada histórica. Así llegó el segundo gol a los 53’ por parte del argentino Castronovo, y la goleada histórica comenzaba. Pero Nacional no estaba dispuesto a permitirla. Entonces Juan Carlos Blanco, luego de recibir el segundo gol, se hizo expulsar a pedido de su técnico Etchamendi. De esta manera se suspendió el partido por estar en inferioridad numérica reglamentaria.

El propio “Cacho” Blanco, lo reconocería muchos años después en Las Voces del Fútbol: “En el clásico del 71 me hice expulsar de gusto, eramos 7 y lo suspendieron porque con mi expulsión quedamos con 6, era mucha la diferencia numérica”.

Los jugadores de Nacional permanecieron en la cancha insultando al juez y Etchamendi buscando agredir a Máspoli. Los dos entrenadores terminaronn a los golpes de puños. Los jugadores tricolores agredieron y amenazaronn a algunos periodistas, mostrando la vergüenza de haberse retirado del campo de juego para evitar la goleada.

Toda la prensa del Uruguay repudió las actitudes de Nacional. Bajo el título de “espectáculo bochornoso y cruel”, aparecieron algunos diarios del país a la mañana siguiente.

El diario El País dijo: “Peña Rocha difícilmente pueda dirigir otro clásico, pero en el de ayer demostró una valentía digna de reconocimiento”.

Juan Angel Miraglia periodista de la revista Deportes lo había advertido una semana antes cuando Nacional enfrentó a Cruzeiro. En su nota hizo referencia a la violencia empleada por el elenco tricolor. Luego del partido expresó: “De lo acontecido la noche del sábado en el Centenario hay un solo culpable: la intemperancia, la deslealtad y la indisciplina con que es capaz de manejarse el plantel actual de Nacional. […] Hemos remarcado la forma desaforada e incorrecta con que se desempeñan muy a menudo varios de sus integrantes”.

Nuevamente, y por sexta vez, los jugadores de Nacional desistirían de jugar un clásico frente a Peñarol.

¿Miedo? ¿Impotencia? ¿Cobardía? Nunca lo sabremos. Y ante la canción de “el que no salta, abandonó”, somos los únicos que podemos saltar con propiedad y sin que se nos caiga la cara de la vergüenza.

Por suerte, somos diferentes.