El mes de Peñarol

Llegó setiembre. Para algunos otros, septiembre. Para nosotros eso es lo de menos, así que para no complicarnos lo llamamos por lo que es: el mes de Peñarol. Si, es verdad, no nos agarra en el mejor momento. ¿Pero cómo vamos a dejar de festejarlo? ¿Cómo vamo’ a dejar de festejar nosotros, hermano? Si somos la mayoría de la que todos quieren formar parte.

Es un día diferente. Das vuelta la hoja en el calendario como sin darte cuenta y de golpe algo te hace ruido, te tomás un segundo y relojeas con atención: “¿qué día cae el 28?”. Como si se tratara del cumpleaños de un amigo o un familiar. Quedate tranquilo, le pasa a todos. Sí, a todos, a la mitad más uno y a la minoría restante; porque Peñarol le marca la agenda a propios y ajenos.

No andamos bien, es verdad. Pero lo podemos cambiar, y lo tenemos que hacer. Como se hizo cuando en los primeros años del siglo pasado, una empresa quiso ponerle punto final a la pasión del club de pueblo, o como cuando después de 5 años sin alegrías en la década del 40, se cortó la sequía gracias a la gente. Sí, gracias a la gente, porque Peñarol ensancha su caudal social después del golpe, algo increíble para otras tiendas.

Más cerca en el tiempo, mi viejo me recuerda cuando con el peso a peso pudimos repatriar a Morena, el goleador de toda la historia. Y dice con el orgullo que ostenta quien se siente parte de un logro especial, que ahí se empezó a ganar la cuarta. No precisas que te aclare de que cuarta estoy hablando, vos y yo sabemos bien.

A mi abuelo no le gusta quedarse afuera de la charla, y enseguida intercede para hacernos acuerdo de que él colaboró en la campaña del metro cuadrado para la construcción de la mejor sede social de este país: el Palacio Peñarol. Lo corrijo, el glorioso Palacio Peñarol, ese que nos vió ser campeones sudamericanos en 1983 y ostentar, al mismo tiempo, el título de campeón de América en fútbol y basketball. Parece mucho para una institución uruguaya, pero esto es Peñarol.

Y enseguida se me vienen a la cabeza otros tantos festejos en otros tantos deportes. Seis títulos Federales en básquetbol; campeones nacionales e internacionales en boxeo; un sinfín de copas en ciclismo, donde destacan las 5 Vueltas Ciclistas, pero no hay que olvidarse de la primera victoria en la inauguración del Velodromo Municipal en 1938, ese Velodromo que lleva el nombre del histórico Atilio Francois, ese que también defendió la amarilla y negra.

No quiero olvidarme del Fútbol Sala y sus múltiples conquistas, tampoco se me escapa el 10 a 2 clásico que tanto disfrutamos. No me quiero olvidar del Fútbol Femenino, o mejor dicho, es imposible olvidarse del fútbol femenino y sus festejos.

Es injusto seguir nombrando porque es imposible no olvidarnos de nadie, ¡si hasta en Bowling somos campeones, viejo!

Me pongo a pensar y me doy cuenta que es imposible nombrarlos a todos, ya no a los deportistas, sino también a los deportes. Cada vez que me pongo a pensarlo me surge la misma pregunta, ¿somos la institución deportiva más grande de este país por nuestra popularidad, o somos los más populares por ser la institución más grande del deporte local?

Me recuerdo a mí mismo que crecí escuchando que Peñarol es el club más grande del fútbol uruguayo. Me doy cuenta que aunque sea real, a esa frase le hace falta una correccion: Peñarol es el club más grande del deporte uruguayo.

Se me pasó el rato y ni siquiera lo noté. Todo por mirar el almanaque y darme cuenta de que ya estamos en el mes de Peñarol, y que el 28 a las 00:00 hs voy a volver a escuchar como explota el cielo de todo el país; y se me escapa una sonrisa recordando que en eso también no sólo somos los pioneros, sino también los mejores. Me pongo a pensar en el vecino que cada 27 después de la cena se empieza a quejar porque sabe lo que se viene. Pobres ellos que se saben menos.

Vuelvo a leer, me acuerdo de la realidad actual y me imagino las situaciones que no viví, pero me contaron. Llego a la conclusión de que a Peñarol le pegan, pero no lo pueden tirar. Y si lo tiran, lo levanta la gente. El resultado, más tarde o más temprano siempre es el mismo, florecer en cada primavera. Y sí, claro que voy a festejar los 129 de gloria, social y deportiva.

No sé si será la solución, pero va bala.