Crónica de viaje: el partido y algo de Quito

Llegó el día esperado por todos y otra vez nos quedamos con las manos vacías, pero a pesar de la derrota no vamos a dejar de realizar la crónica de viaje contando un poco lo que vivimos más allá de los 90 minutos, donde todos tenemos una opinión y seguimos masticando bronca por la derrota.

Los que pudimos viajar en representación de todos los hinchas tuvimos un gran día que no se coronó con el resultado que esperábamos. Desde la mañana estuvimos todos en contacto para viajar juntos a la cancha. Esa unión de los hinchas se debería lograr a todo nivel. Para que nadie vaya solo se contrató un ómnibus, evitando cualquier problema camino al estadio de Liga de Quito. No es fácil juntar a 80 personas y organizarse entre todos, pero cuando todos estamos en la misma y tiramos para el mismo lado se logra todo lo que nos proponemos.

Desde temprano en contacto entre todos se coordinó juntarse en la zona más turística de la ciudad, la Plaza Foch. Almuerzo colectivo, colecta para el ómnibus y esperar a la hora de salida. La idea era salir a las 15 horas pero salimos un poco más tarde para esperar a varios hinchas que llegaban a Quito el día del partido. Finalmente llegaron a la plaza cerca de las 16 horas. Antes de salir, el cielo se puso negro y comenzaron a visualizarse relámpagos por todos lados.

Ahora sí, todos juntos rumbo a la cancha. Viaje tranquilo, sin inconvenientes. Llegando al Estadio Rodrigo Paz Delgado, la policía nos hizo dejar el ómnibus a 3 cuadras y de ahí seguimos caminando. Llegamos a la cancha todos cantando y se largó el diluvio, hicimos 2 cuadras bajo lluvia y después, con los cacheos de la policía, estuvimos bajo la lluvia torrencial por 10 minutos más. Todos mojados de pies a cabeza.

Luego de la revisión pudimos ingresar al estadio y ahí ya quedamos resguardados debajo de la tribuna del sector visitante. Ahí pudimos secar un poco la ropa aunque obviamente nada la iba a secar en 30 minutos. En el sector asignado teníamos un puesto de comida donde vendían de todo y la mayoría comida ecuatoriana, desde bandejas con cerdo y papas o cazuelas hasta lo simple de los panchos o los refuerzos de jamón y queso, todo a un costo de 2 o 3 dólares. Lo inédito es que venden cerveza con alcohol, en un vaso grande (que increíblemente le ponen hielo) y también a un costo de 2,5 o 3 dólares, según el vendedor.

Antes de que ingrese Peñarol pudimos desplegar todas las banderas, a lo cual a los pocos minutos vino la policía y nos obligó a guardarlas. Sigue siendo increíble esa determinación de Conmebol de no permitir banderas. Ni los globos nos dejaron inflar. Lamentable desde todo punto de vista.

En el partido como siempre dejamos la garganta. A pesar de estar en el sector más alejado de la cancha el aliento no cesó ni con los goles recibidos. Luego de finalizado el partido nos dejaron dentro del estadio por una hora para desalojar primero a todo el público local.

A la salida volvimos en el mismo ómnibus sin ningún problema. Con una bronca bárbara llegamos al centro donde sólo nos dio para cenar e irnos a dormir. No había ánimo de nada. A dormir temprano ya que al otro día teníamos coordinado un tour por la parte histórica de Quito.

Para cerrar esta crónica queríamos dejar un comentario debido a que en la noche, al volver al hotel, mirando un poco las redes sociales pudimos leer cualquier barbaridad sobre los hinchas que viajamos a todos lados. Es lamentable leer que somos bancados por el club o por algún dirigente, todos los que viajamos nos pagamos todo peso a peso sin que nadie nos banque, los 80 que estuvimos en Quito representamos a todos. No somos más hinchas que nadie, pero hacemos un esfuerzo muy grande para viajar dejando mucho de lado y leer esas barbaridades molestan. Quienes ponen esos comentarios demuestran que no saben nada y que les falta mucha calle y tribuna.

Como nosotros en Quito, hay que estar unidos. La Copa Libertadores sigue y recién va una fecha. Viva siempre Peñarol y la gente que siempre está dando una mano en el club en todo sentido, siempre sumando y tirando para adelante. Hasta el próximo viaje, ¡Peñarol y siempre Peñarol!