Crónica de viaje: Cochabamba (II)

cartel-cocha¡Por fin llegó el día del partido! Nos levantamos a eso de las 8 (sí, la ansiedad hizo que «madrugáramos») para comer el desayuno que venía incluido en la reserva del hostel. Algunos fuimos al hotel de los jugadores para informarnos sobre las entradas y otros se quedaron en el hostel haciendo un asado para cuando volviéramos. A eso se le llama trabajo en equipo.

En el camino nos encontramos con un par de carteles muy curiosos en la calle. Uno decía «Ladrón pillado, ladrón linchado. Vecinos organizados». El otro decía «Delincuentes que se encuentren robando y atracando en esta zona serán ejecutados». Más claro, echale agua.

En el hotel de los jugadores estaba la gente de los otros bondis y la que viajó en distintos vuelos. Es una sensación linda encontrarte con amigos que ves todos los fines de semana en el Estadio Centenario, pero a 2.200 km de Montevideo. Pasamos un rato tomando y comiendo algo. Nos contaron que el día anterior tuvieron varios incidentes con la hinchada local, que los recibió con bombardas en distintos puntos de la ciudad, pero que no pasó a mayores. Los jugadores y el cuerpo técnico muy predispuestos a sacarse fotos y charlar un rato con nosotros. Muy buena onda de parte de todos, lo que nos hizo percibir un clima positivo y optimista de cara al partido.

banderas-hostelDespués de arreglar el tema de las entradas (sin problemas por suerte) volvimos al hostel donde nos esperaba el asado pronto. Si digo «asado» me quedo corto. Los pibes se la jugaron y también hicieron pollo y picaña. También nos esperaban las banderas colgadas en una especie de parque interior: Capurro, En este día y cada día, Los Pibes de los Trapos, La Escafandra, La Cortada, Esto es Peñarol, Brazo Oriental, La Unión, Pasan Cosas, Cerrito, La Curva, Parque Guaraní Pte, Buceo, Chiflados por Vos, Luzbelito, 25, Eterno León, El Chapa. Varias banderas más también viajaron para darle colorido a la tribuna.

Comimos, tomamos algo y hasta nos dimos el lujo de jugar al fútbol, pero lo comprobamos, la altura nos cansó rápido. Algunos se animaron a tirarse a la piscina helada, a lo Julio Ribas, y arrancamos para la cancha.

El punto de encuentro fue el hotel de los jugadores. Salimos en dos ómnibus y una combi cantando por las calles, sin ningún tipo de problema. En la entrada nos hicieron sacar los palos de las banderas que teníamos preparadas para la fiesta, una lástima, pero estaba dentro de las posibilidades.

una-pasion-anormal-cochabambaComo se habrán enterado, en la previa hubo algunos incidentes. Primero con la gente de la platea que se quejaba de que las banderas colgadas en el alambrado no dejaban ver el partido. La tribuna era sin separación hasta que se les ocurrió hacer un cordón policial. Es insólito, cada vez que viene un equipo visitante al Estadio Centenario, se le asigna un sector de privilegio. Cuando nosotros vamos al exterior, nos dan el rincón más inhóspito. Estaría bueno que los dirigentes se preocuparan realmente por este tema. Después tuvimos algún intercambio de insultos con la popular local y nos llovieron proyectiles, nos tiraron hielos, botellas y hasta conitos de helado.

Arrancó el partido y no nos escuchábamos cantar por el aliento de la hinchada local, pero eso apenas duró 5 minutos. De ahí hasta el final fue todo de la hinchada de Peñarol y sonó todo el repertorio. En la tribuna se gozó muchísimo esta gran actuación del equipo, y nos dimos el lujo de gritar cuatro goles en Bolivia. No es lo mismo hacer 50 y pico de horas de viaje con la clasificación que sin ella.

bengalas-salida-estadioPero no todo fue color de rosas. Terminó el partido y nos encontramos con la noticia de que los bondis nos habían dejado tirados, por lo que después de esperar un rato largo dentro de la tribuna nos fuimos caminando con las banderas en el medio y el resto rodeándolas, dispuestos a todo para cuidarnos entre nosotros. El operativo horrible, en Uruguay nadie vive estas cosas, al visitante se los trata como reyes. Reitero la crítica de dos párrafos más arriba.

Después de un par de cuadras de estar al acecho nos fuimos calmando y vivimos el resto del trayecto con fiesta, cánticos y bengalas. Al llegar al hotel de los jugadores nos dividimos cada uno para el destino que correspondía, los bondis se fueron a Montevideo y nosotros al hostel a festejar. Mañana emprendemos viaje hacia Santa Cruz nuevamente para pasar una noche allá, más tranquilos después del partido y el domingo volvemos a Uruguay, donde tenemos una cita obligada en el Estadio Centenario.

Esto recién comienza, y como dice la canción que sonó en gran parte de la noche:

»Jugadores, se los pide esta hinchada, vamo’ a ganar la copa, la Sudamericana»

La hinchada de América