Cuando un trapo vale más que una vida

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Una vez más esta pobrísima sociedad se cobra una vida. Nuevamente con la máscara del fútbol por delante. Con la excusa de la pasión por ese juego que los ingleses inventaron con el fin de divertirse, un nuevo inocente con profunda tristeza se nos va. Podrías haber sido vos, podría haber sido yo; pero lamentablemente le tocó a Hernán.

Concurrir a la rambla es sabido que es un hecho a evitar; así lo quiere el Club y lo quiere todo aquel que cada 28 de setiembre busca honrar el oro y el carbón. Este grupo de hinchas lo evitó. Así y todo, se están comiendo el garrón más grande de su vida. ¿Cómo le explicás a la familia de Hernán que unos pibes que estaban en la sede de Nacional armaron por Whatsapp una movida para atacar hinchas de Peñarol y hacerse de unos “trapos” sin importar las consecuencias? ¿Cómo les explicás que esa estupidez se llevó a un pibe de 21 años?

En este caso fue por una bandera, sin saber ni qué frase representaba. ¿Y qué cambia? ¿Acaso una bandera cuesta más que una vida? Estamos en una sociedad idiota donde muchos disfrutan de mostrarle un pedazo de tela a la hinchada rival y donde lograr obtener ese pedazo de tela tiene el costo de -al menos- una vida. No es un tema de colores, esos idiotas están en todos lados.

Pero el fútbol es rehén de estos idiotas. Creyendo que es un tema únicamente del fútbol es un error inmenso, tan inmenso como la pobreza de esta sociedad. El fútbol es un ambiente más para volcar la violencia; pero el fondo de esto es la sociedad en la que vivimos. Es un problema de educación, de valores, de saber vivir en sociedad… es un problema muy difícil de arreglar. Estamos en una sociedad en la que, para una minoría, la vida no tiene precio. ¡Pero qué daño causa esa minoría!

La sociedad y su violencia se están comiendo al fútbol. Al hermoso fútbol. Podrías haber sido vos, podría haber sido yo; pero lamentablemente le tocó a Hernán.